La pesquería del calamar gigante se adentra en una nueva fase marcada por el control en alta mar, la trazabilidad satelital y la progresiva integración de la flota artesanal en los mecanismos regionales de ordenación.
La pota peruana ha dejado de ser únicamente un recurso emblemático de la pesca artesanal del Pacífico oriental para convertirse en una cuestión de alcance internacional. La reciente reunión anual de la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (OROP-PS), celebrada en Ciudad de Panamá del 2 al 6 de marzo de 2026, ha confirmado que el calamar gigante entra en una etapa de mayor vigilancia, más exigencia regulatoria y creciente interés geopolítico y comercial.
Lo que está en juego va mucho más allá de una pesquería nacional. El calamar gigante del Pacífico sur, uno de los grandes recursos extractivos de la región, abastece a mercados internacionales cada vez más relevantes, entre ellos la industria transformadora europea. Según datos difundidos por el sector, la Unión Europea importó en 2025 unas 93.914 toneladas de calamar gigante procedentes de Perú y Chile, por un valor aproximado de 335,7 millones de euros. Esa dimensión comercial explica que las decisiones adoptadas en la OROP-PS sean observadas con creciente atención por la industria, los Estados ribereños y también por organizaciones medioambientales.
Uno de los avances más significativos de la reunión de Panamá ha sido la aprobación de la propuesta peruana para facilitar la incorporación de la flota artesanal potera al registro regional de embarcaciones. La medida amplía hasta el 6 de marzo de 2028 la excepción que permite a embarcaciones artesanales de hasta 15 metros de eslora inscribirse en el registro de la OROP-PS sin disponer de número OMI, un requisito que en la práctica resultaba difícilmente asumible para buena parte de esta flota. La decisión también abre la puerta a homologar distintos sistemas de comunicación satelital al estándar INMARSAT, incluidos VSAT, TESACOM o Starlink, adaptándolos a la realidad tecnológica de las embarcaciones artesanales.
Se trata de un paso de gran relevancia porque la gobernanza de esta pesquería se ha topado durante años con un problema central: cómo vigilar y ordenar una actividad que se desarrolla en parte en alta mar, con flotas de distintos países y con niveles muy desiguales de control. La apuesta por el seguimiento satelital pretende precisamente reducir esa brecha. En Perú, este proceso de modernización ya se encuentra en marcha. Distintas informaciones del sector indican que miles de embarcaciones artesanales cuentan ya con equipos activos de seguimiento, una evolución que no solo mejora la trazabilidad de las capturas, sino también la seguridad de la navegación y la disponibilidad de datos sobre el esfuerzo pesquero.
La integración de la flota artesanal en el sistema regional no es un asunto menor. En el caso peruano, la pota sostiene empleo, actividad portuaria, industrias auxiliares y exportaciones, además de representar una de las principales pesquerías del país. Pero, al mismo tiempo, el recurso se ha convertido en un espacio de tensión internacional por la fuerte presencia de flotas de aguas distantes, especialmente la china, en el Pacífico sur. Esa presión ha reavivado el debate sobre la necesidad de fijar reglas más estrictas, reforzar el control y evitar que la falta de límites efectivos termine comprometiendo la sostenibilidad del stock y la viabilidad de quienes operan con mayores exigencias regulatorias.
En paralelo, gana peso la idea de que el calamar gigante necesita una arquitectura de gestión más robusta. Diversas organizaciones han reclamado a la OROP-PS que avance hacia medidas de conservación más ambiciosas, entre ellas cierres espaciales o temporales, mayores requisitos de seguimiento, controles portuarios y, eventualmente, límites de captura para las flotas de gran escala que faenan en alta mar. La preocupación no es abstracta: el crecimiento de esta pesquería en las últimas dos décadas ha sido extraordinario, y hoy mueve volúmenes que la sitúan entre las más importantes del mundo en su categoría.
Desde la perspectiva peruana, el nuevo escenario ofrece a la vez una oportunidad y un desafío. La oportunidad reside en consolidar una posición de liderazgo en la gobernanza del recurso, defendiendo el peso de la pesca artesanal y demostrando capacidad de adaptación a las nuevas exigencias de trazabilidad y control. El desafío pasa por cerrar las brechas que todavía existen entre las embarcaciones que ya cuentan con seguimiento satelital y aquellas que han logrado completar su integración formal en los registros regionales, además de sostener en el tiempo un sistema de control que sea eficaz, verificable y asumible para el sector.
La pota, en definitiva, se ha convertido en un símbolo de la nueva gobernanza pesquera del siglo XXI: un recurso explotado por flotas de muy distinta naturaleza, sometido a presión comercial global, observado por la geopolítica de los océanos y cada vez más dependiente de la tecnología para garantizar su trazabilidad. Para Perú, la cuestión ya no es solo capturar más o exportar más, sino demostrar que puede defender la sostenibilidad y la legitimidad de una pesquería esencial en un mar cada vez más disputado
La Comisión de Pesca del Parlamento Europeo examina este 17 de marzo algunos de los…
Un estudio publicado en ICES Journal of Marine Science alerta del declive a largo plazo…
El debate del Marco Financiero Plurianual 2028-2034 apunta al fin del esquema actual del FEMPA…
El Comité Consultivo de Pesca de Larga Distancia de la Unión Europea (LDAC) ha aprobado…
El Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), junto con personal científico del GEMM, el Aquarium Finisterrae…
La Autoridad Portuaria de Cartagena sigue afianzando su perfil como uno de los enclaves más…