Comercialización

La alimentación entra en la gran geopolítica: el mar vuelve al centro del tablero

La alimentación ha dejado de ser solo una cuestión de oferta, consumo o precios para convertirse en un vector estratégico de primer orden. Esa es una de las ideas de fondo que plantea Rogelio Pozo, consejero delegado de AZTI, en su reciente reflexión sobre la “geopolítica de la alimentación”, donde advierte de que el siglo XXI no estará marcado únicamente por la transición energética, sino también por la seguridad alimentaria, entendida como capacidad real de los países para asegurar suministros, controlar dependencias y responder a las disrupciones globales. 

La tesis resulta especialmente relevante para una publicación como Europa Azul, porque sitúa al mar, a la pesca, a la acuicultura y a las cadenas logísticas marítimas dentro de un debate que ya no puede considerarse sectorial. Pozo sostiene que hablar de alimentación es hablar también de materias primas, agua, fertilizantes, proteínas, tecnología agrícola, biotecnología y transporte global. En otras palabras, de poder. Y en ese reparto de poder, el océano aparece como una reserva estratégica limitada, sometida a una presión creciente y cada vez más condicionada por factores geopolíticos, ambientales y tecnológicos. 

Su análisis parte de una constatación incómoda: las economías avanzadas, incluida Europa, tienden a percibirse a sí mismas como territorios alimentariamente seguros, pero esa estabilidad es más frágil de lo que parece. La fortaleza del abastecimiento depende de cadenas internacionales complejas, del acceso a insumos críticos y de la estabilidad de corredores comerciales que pueden alterarse por guerras, restricciones a la exportación, decisiones unilaterales de grandes potencias o impactos climáticos severos. La alimentación, por tanto, ya no puede analizarse únicamente desde la óptica productiva, sino como un sistema interdependiente donde cualquier eslabón vulnerable puede comprometer al conjunto. 

En ese marco, el mar adquiere una centralidad renovada. No solo porque una parte esencial de las proteínas de origen animal procede de la pesca y de la acuicultura, sino porque la economía azul representa una pieza decisiva en la autonomía estratégica europea. La disponibilidad de recursos pesqueros, la capacidad de transformación, la innovación en nuevos alimentos marinos, la sostenibilidad de los caladeros y el control de las rutas marítimas forman parte de un mismo mapa de seguridad. La reflexión de Pozo apunta, de hecho, a que la competencia global ya no se librará solo en términos de volumen o precio, sino también de resiliencia, trazabilidad, ciencia y capacidad de anticipación. 

Uno de los elementos más sugerentes de su planteamiento es la llamada de atención sobre la concentración del poder en torno a determinados insumos estratégicos. Igual que ocurrió con la energía, el control de fertilizantes, proteínas alternativas, semillas, tecnologías de producción y plataformas logísticas puede configurar nuevas dependencias estructurales. Para el ámbito marítimo esto implica una lectura adicional: la soberanía alimentaria europea no se jugará únicamente en el campo o en la industria agroalimentaria terrestre, sino también en su capacidad para gestionar de forma inteligente sus recursos marinos, reforzar su investigación aplicada y sostener una flota e industria transformadora competitivas en un entorno internacional cada vez más duro. 

Pozo introduce además una idea que conecta plenamente con los debates actuales sobre pesca y sostenibilidad: el océano no puede contemplarse como una despensa infinita. La presión sobre los ecosistemas marinos, el cambio climático, la redistribución de especies, la tensión entre conservación y producción, y la necesidad de una gobernanza basada en evidencia científica obligan a repensar las políticas alimentarias desde una lógica de largo plazo. Eso supone ir más allá del discurso ambiental clásico y reconocer que proteger los recursos también es proteger capacidad productiva futura, estabilidad social y autonomía económica. 

Desde esta perspectiva, Europa afronta un reto de fondo. Según la reflexión difundida por AZTI, el continente necesita combinar sostenibilidad, tecnología, competitividad y seguridad de suministro en un contexto internacional crecientemente interdependiente. Para la economía azul, ese desafío se traduce en varias preguntas decisivas: cómo reforzar la acuicultura sostenible, cómo mantener una pesca extractiva viable y responsable, cómo avanzar en proteínas marinas de nueva generación y cómo evitar que la dependencia exterior reduzca el margen estratégico de la Unión en un área tan sensible como la alimentación. 

La importancia de este enfoque reside también en que desplaza el debate desde la coyuntura hacia la estructura. No se trata solo de responder a una subida puntual de precios o a una crisis logística concreta, sino de aceptar que la alimentación se ha convertido en un terreno de competencia geoestratégica permanente. En ese escenario, la pesca, la acuicultura, la biotecnología marina y la innovación alimentaria dejan de ser compartimentos estancos para integrarse en una misma ecuación de seguridad, desarrollo y posicionamiento internacional. 

La reflexión de Rogelio Pozo tiene así una lectura especialmente oportuna para el mundo marítimo: quien quiera entender el futuro de la alimentación tendrá que volver la mirada hacia el mar. No como frontera romántica ni como reserva ilimitada, sino como espacio productivo, tecnológico y geopolítico. Y ahí, para Europa, la cuestión ya no es únicamente cómo producir más, sino cómo producir mejor, con menos vulnerabilidad y con una estrategia capaz de integrar ciencia, industria y soberanía alimentaria. 

europaazul

Entradas recientes

Taiwán sanciona a un palangrero denunciado por aleteo de tiburón y capturas no declaradas de cetáceos

La multa al buque Chia Chin Chun No. 26 refuerza la presión sobre la flota…

7 horas hace

Planas sigue “muy de cerca” el alza del gasóleo y avisa de su impacto directo sobre la pesca

El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación reconoce que la crisis en Oriente Medio ya…

7 horas hace

Noruega gana músculo en el atún rojo al validar ICCAT un plan que eleva a 535 toneladas la cuota de 2026

La pesquería del atún rojo (makrellstørje) da un nuevo paso hacia el norte. El Gobierno…

8 horas hace

España abre la renegociación de la sardina ibérica con el foco en un reparto más favorable para su flota

La revisión del plan conjunto con Portugal a partir de 2027 reabre un debate histórico…

14 horas hace

Conxemar firma alianzas orientadas a mejorar la gobernanza del potón del Pacífico

La patronal española de productos del mar ha participado como observador en la 14ª reunión…

14 horas hace