La acuicultura española llega al 8M con una foto laboral que mezcla avance y techo pendiente. El empleo en el sector volvió a crecer en 2024, con 8.869 personas ocupadas, 660 más que el año anterior, según la Encuesta de Establecimientos de Acuicultura del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Pero el dato que más llama la atención en esta edición es el ritmo: el empleo femenino aumenta a mayor velocidad que el masculino, aunque su peso total sigue siendo minoritario.
Los datos oficiales muestran que en 2024 trabajaron en acuicultura 2.397 mujeres, frente a 6.472 hombres. En términos interanuales, ellas crecieron un 13% (278 empleos más), mientras que el empleo masculino avanzó un 6% (382 más). La consecuencia es una mejora gradual de la representatividad: las mujeres ya suponen el 27% del empleo del sector, todavía lejos de la paridad, pero en la dirección correcta en un ámbito históricamente masculinizado.
Este crecimiento se produce en un contexto europeo donde la acuicultura busca consolidar su papel como fuente estable de proteína marina y empleo en zonas costeras y rurales. La propia documentación estadística del MAPA sitúa el empleo directo de la acuicultura en la UE en torno a 85.000 personas y recuerda que la producción acuícola europea ronda 1,1 millones de toneladas, con un valor cercano a 4.800 millones de euros. En ese mapa, España aparece como líder en volumen, con cerca del 24% de la producción comunitaria en kilos.
Detrás del avance femenino hay un cambio de fondo: la acuicultura ha dejado de ser solo “trabajo de granja” para desplegar una cadena de valor donde conviven perfiles operativos, técnicos, comerciales, de bienestar animal, bioseguridad, digitalización o gestión de calidad. Esa diversidad abre oportunidades para que más mujeres se incorporen a labores técnicas y de investigación, y también a puestos de coordinación y dirección.
En esa transición encajan dos perfiles que el sector utiliza como referencia de la nueva acuicultura. Por un lado, Katiana Frau, especialista en una instalación en Mallorca, describe el trabajo como una profesión “viva” y dinámica, donde el aprendizaje continuo y la toma de decisiones forman parte del día a día. Por otro, Cristina Tomás, presidenta de la Sociedad Española de Acuicultura (SEA) y miembro del Comité Científico de Acuicultura de España, representa la vertiente científico-técnica y de transferencia: el puente entre la operación diaria, la mejora de sistemas (como los de recirculación) y las líneas de investigación aplicadas.
El crecimiento no oculta el principal diagnóstico: el sector suma mujeres, pero sigue sin incorporar suficiente liderazgo femenino, sobre todo en emprendimiento y alta dirección. La propia Garazi Rodríguez, responsable de Planes de Producción y Comercialización (PPyC) y coordinadora de la red de innovación REMA en APROMAR, defiende que la ambición es mantener la tendencia al alza y subraya el valor de incorporar “todas las miradas” para resolver los retos del sector, al tiempo que identifica una barrera que se repite: la conciliación, especialmente cuando se trata de sostener carreras largas y de alta responsabilidad.
En paralelo, el marco institucional intenta acompañar ese cambio. El Plan para la Igualdad de Género en el Sector Pesquero y Acuícola 2021–2027, impulsado por la Secretaría General de Pesca (MAPA), fija ejes que van desde el acceso al empleo y la formación hasta la mejora de condiciones laborales y la participación efectiva de las mujeres en espacios de decisión y liderazgo. La clave, como suele ocurrir, está menos en el papel que en la capacidad de aterrizar medidas en el territorio: visibilidad de referentes, programas de capacitación técnica, itinerarios de carrera, redes profesionales y políticas reales que permitan compatibilizar turnos, cuidados y formación.
Que el empleo femenino crezca al doble de ritmo que el masculino es una señal relevante para una industria que compite en innovación y sostenibilidad. La acuicultura está cada vez más atravesada por tecnologías (sensórica, automatización, analítica de datos, trazabilidad), por exigencias ambientales y por estándares de bienestar animal y calidad. En ese escenario, atraer talento —y no renunciar a la mitad del talento disponible— deja de ser un discurso social y se convierte en una ventaja competitiva.
El reto para los próximos años, en definitiva, es que el crecimiento se traduzca en una presencia femenina más equilibrada no solo en el cómputo global del empleo, sino también en las posiciones donde se decide: inversión, dirección técnica, jefaturas de producción, I+D y representación sectorial. El dato de 2024 confirma que la puerta se está abriendo. Ahora falta que el sector consiga que entrar sea más fácil… y que quedarse y progresar sea igual de posible.
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