Con apenas 43 km² de tierra emergida, las Îles Éparses (islas Dispersas), Grupo de islas en las Tierras Australes y Antárticas Francesas sostienen una de las palancas geopolíticas más eficaces de Francia en el Índico suroccidental: hasta 640.400 km² de espacios marítimos bajo su jurisdicción, en un corredor por el que pasa una parte crítica del tráfico energético mundial y donde se cruzan la pesca atunera, la vigilancia frente a actividades ilícitas y una disputa de soberanía con Madagascar y Mauricio.
En el mapa, casi no se ven. En la realidad estratégica, pesan como un continente. Las Îles Éparses —Tromelin, en pleno océano Índico, y en el canal de Mozambique los archipiélagos de Glorieuses, Juan de Nova, Bassas da India y Europa— forman una constelación de territorios diminutos, deshabitados, con acceso difícil y recursos de agua prácticamente inexistentes. Pero su valor no está en la arena: está en el mar que proyectan.
Según la administración de las Terres australes et antarctiques françaises (TAAF), estos enclaves generan aproximadamente 640.400 km² de espacios marítimos bajo jurisdicción francesa, un “salto” geográfico que refuerza la presencia de París en el Índico junto a Reunión y Mayotte.
El control no se ejerce solo con mapas. Desde 2005, la gestión de las Îles Éparses se integra en el esquema de las TAAF, con administración y logística articuladas desde Reunión, lo que permite desplegar funciones de Estado —medio ambiente, policía marítima, control pesquero, apoyo a investigación— y mantener una continuidad administrativa que Francia esgrime como argumento de soberanía.
Ese detalle, aparentemente burocrático, es geopolítica en estado puro: en territorios sin población civil, la soberanía se consolida “por práctica”. La isla que tiene patrullas, científicos, estaciones meteorológicas o normas ambientales activas es, de facto, una plataforma de gobernanza marítima.
El canal de Mozambique es uno de los grandes pasillos marítimos del Índico occidental. No es solo ruta regional: cuando hay tensiones o interrupciones en vías como Suez, el tráfico se reacomoda y el eje del Cabo de Buena Esperanza recobra protagonismo.
Una referencia citada en trabajos regionales señala que por este corredor transita una fracción muy significativa del crudo mundial, con el orden de miles de petroleros anuales y volúmenes que se miden en cientos de millones de toneladas.
En ese contexto, las ZEE asociadas a Europa, Juan de Nova, Bassas da India y Glorieuses convierten a Francia en actor “ribereño” operativo de un espacio que, por geografía, también es vital para Madagascar, Mozambique, Comoras y Tanzania. De ahí que París subraye su papel en seguridad de la navegación, vigilancia y búsqueda y rescate (SAR), mientras sus vecinos observan el mismo despliegue como un recordatorio incómodo del legado colonial.
Para el sector marítimo-pesquero, las Îles Éparses importan por dos razones: son un activo de control (lucha contra la pesca INDNR/IUU y otras actividades ilícitas) y son un activo de biodiversidad (reservas y cierres que condicionan el uso del espacio).
Diversos documentos señalan que las Îles Éparses están clasificadas como reservas naturales, con regulaciones asociadas, y que existen restricciones de pesca en aguas territoriales y reglas específicas en zonas sensibles.
Este marco ambiental convive con una realidad pesquera más amplia: la pesca industrial del Índico —en especial la atunera tropical— se ordena en el plano regional a través de la Indian Ocean Tuna Commission (IOTC), y el canal de Mozambique es una pieza más del tablero de migraciones, temporadas, control y cumplimiento.
Aquí, la lectura es clara: cada kilómetro cuadrado de ZEE aporta derechos, pero también obligaciones. Y en mares inmensos, la vigilancia es cara. Sin presencia efectiva (medios, cooperación regional, intercambio de información), la norma se queda en papel.
La pata de seguridad la aportan las Forces armées de la zone sud de l’océan Indien (FAZSOI), el dispositivo francés de soberanía y presencia en el Índico suroccidental, con base principal en Reunión y Mayotte. Entre sus misiones figuran la protección del territorio, la vigilancia de ZEE, la cooperación regional y la capacidad de intervención ante crisis.
En la práctica, esa estructura sostiene patrullas, vuelos de vigilancia marítima y una capacidad de respuesta que se proyecta sobre las Îles Éparses como “puntos de apoyo” logísticos y jurídicos. Es, de nuevo, soberanía aplicada al día a día.
Nada de esto está libre de disputa. Madagascar reclama Juan de Nova, Europa, Bassas da India y Glorieuses; Mauricio disputa Tromelin. El desacuerdo se arrastra desde hace décadas y reaparece periódicamente en foros internacionales.
En 2019, Francia y Madagascar reactivaron una vía bilateral con una comisión mixta para explorar fórmulas de cooperación funcional (investigación, protección ambiental, control pesquero), sin cerrar —ni resolver— la cuestión de soberanía. La diplomacia francesa ha vuelto a informar de sesiones posteriores, manteniendo la fórmula de diálogo y constatando la existencia del diferendo.
El resultado, por ahora, es un equilibrio inestable: cooperación limitada, posiciones rígidas y una realidad operativa que sigue siendo francesa.
Aunque Francia ha subrayado en los últimos años el componente ambiental y científico, en el trasfondo aparece un vector que pesa en cualquier disputa marítima contemporánea: la expectativa de recursos. No solo pesca; también el valor potencial —real o percibido— de hidrocarburos y, cada vez más, de minerales del fondo marino.
En un mundo donde las materias primas críticas han pasado a ser asunto de seguridad, cualquier ZEE en un corredor estratégico es, además, una ficha de negociación. Incluso cuando la explotación no sea inminente, el simple “derecho a decidir” sobre el espacio y sus recursos es poder.
Para Europa —y para España, con intereses pesqueros y geopolíticos en el Índico— las Îles Éparses son un caso de estudio de primer nivel:
En el Índico suroccidental, Francia no actúa como visitante: actúa como potencia residente. Y lo hace apoyándose en cinco puntos casi invisibles… que, juntos, convierten el canal de Mozambique en un escenario donde la geografía manda más que la demografía.
El sector denuncia que la normativa, en vigor desde el 10 de enero, impone una…
Una investigación difundida por el Círculo de Políticas Ambientales (CPA) y la ONG Sin Azul…
El Govern balear reclama que la transición energética del sector no se convierta en un…
Desde la noche del 8 de enero, el Fish Export Service británico exige nuevos campos…
De Yibuti al golfo de Guinea, el mapa portuario africano se ha convertido en una…
La industria española de conservas y transformados de pescado mira con inquietud al calendario: Marruecos…