El organismo científico aconseja mantener capturas cero en el área 4 del Mar del Norte mientras se monitoriza la recuperación de esta especie clave en la cadena alimentaria marina.
El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) ha recomendado mantener capturas cero de lanzón (Ammodytes spp.) en el norte y centro del Mar del Norte durante 2026 y 2027, aplicando el enfoque de precaución ante la falta de información científica suficiente sobre el estado del stock. La decisión afecta al área conocida como Sandeel Area 4, una zona estratégica para la biodiversidad marina y para varias pesquerías industriales del norte de Europa.
El último dictamen científico publicado por ICES el 27 de febrero de 2026 refuerza la línea conservacionista que se viene aplicando en esta pesquería en los últimos años. El organismo aconseja mantener la prohibición total de capturas en 2026 y 2027, señalando que, bajo el enfoque de precaución, no debería autorizarse ninguna pesca mientras no existan evidencias claras de sostenibilidad del recurso.
La recomendación se basa en un escenario marcado por la escasez de datos biológicos y pesqueros recientes, consecuencia directa del cierre de la pesquería en varias zonas del Mar del Norte. Desde 2024, el Reino Unido prohibió la pesca de lanzón en sus aguas del Mar del Norte y en aguas escocesas, lo que ha reducido significativamente la disponibilidad de muestras comerciales utilizadas para evaluar el estado del stock.
Como resultado de esta falta de información, ICES ha rebajado la categoría científica de la evaluación del stock desde Categoría 1 a Categoría 5, lo que implica que los datos disponibles son insuficientes para aplicar modelos completos de evaluación pesquera. En este contexto, el organismo científico aplica un criterio conservador: no aumentar las capturas mientras no exista evidencia científica que demuestre que el stock puede sostenerlas.
El lanzón es un pequeño pez pelágico que vive enterrado en fondos arenosos y constituye una pieza fundamental en la cadena trófica del Mar del Norte. Numerosas especies dependen de él como alimento, entre ellas aves marinas, bacalaos, merluzas y mamíferos marinos.
Su biología presenta además una elevada dependencia del hábitat: pasa gran parte de su ciclo vital enterrado en sedimentos arenosos con bajo contenido en limo. Durante la reproducción, los huevos se adhieren a la arena, lo que hace que la especie sea especialmente vulnerable a alteraciones del fondo marino.
Por ello, ICES advierte que cualquier actividad que degrade estos hábitats —como la extracción de áridos, el desarrollo de parques eólicos marinos o la exploración petrolera— debe evaluarse cuidadosamente por su posible impacto sobre el recurso.
La historia reciente de la gestión de esta pesquería refleja una elevada volatilidad. Durante las últimas dos décadas, las recomendaciones científicas han alternado entre cierres totales, capturas limitadas para fines de monitorización y, en algunos años, TAC más amplios bajo el enfoque de rendimiento máximo sostenible (MSY).
Sin embargo, la tendencia más reciente apunta hacia una mayor prudencia. En 2022 ya se recomendó captura cero, una medida que se repitió posteriormente en 2024 y 2025. Con el nuevo dictamen, ICES prolonga esta estrategia al menos hasta 2027.
Los datos históricos muestran además fuertes oscilaciones en las capturas, que llegaron a superar las 150.000 toneladas en algunos años de la década de 1990, mientras que en 2024 y 2025 las capturas registradas fueron nulas debido al cierre de la pesquería.
ICES subraya que el seguimiento científico será clave en los próximos años. Las campañas de investigación mediante dragas científicas siguen proporcionando índices de abundancia de juveniles, aunque estos han mostrado valores relativamente bajos en las últimas temporadas.
El organismo recomienda mantener una vigilancia estrecha del reclutamiento de nuevas cohortes, ya que la aparición de clases de edad fuertes podría permitir en el futuro la reapertura de la pesquería bajo condiciones sostenibles.
Mientras tanto, la gestión del lanzón en el Mar del Norte se consolida como un ejemplo de aplicación estricta del principio de precaución en la política pesquera europea, en un contexto en el que los ecosistemas marinos afrontan presiones crecientes derivadas del cambio climático, el desarrollo energético offshore y la explotación de recursos marinos.
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