La Unión Europea lidera los esfuerzos internacionales para alcanzar un acuerdo vinculante que regule todo el ciclo de vida del plástico. El sector pesquero, particularmente afectado, sigue con atención el desarrollo de las negociaciones.
En el corazón diplomático de Suiza se está librando una de las negociaciones más trascendentales para el medio ambiente global. La sede de las Naciones Unidas en Ginebra es escenario de la quinta ronda de negociaciones del tratado internacional contra la contaminación por plásticos (INC-5.2), un proceso que busca poner freno a una de las mayores amenazas para los ecosistemas marinos y la salud humana.
La Unión Europea ha acudido con un mandato firme: lograr un acuerdo legalmente vinculante que abarque todas las fases del ciclo del plástico, desde su producción hasta su eliminación. El compromiso, de naturaleza política, industrial y ambiental, busca atacar el problema desde su raíz y cuenta con el respaldo de amplios sectores, incluyendo el sector pesquero, uno de los más perjudicados por esta crisis.
Según datos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cada año se generan 400 millones de toneladas de plástico, de las cuales solo el 9 % se recicla y el 12 % se incinera. El resto termina en vertederos, ríos y océanos, generando un impacto devastador en los ecosistemas y entrando de lleno en la cadena alimentaria.
El sector pesquero, particularmente expuesto a las consecuencias de la contaminación marina, considera prioritario que este tratado ataque el problema en origen. Las microplásticos ya están presentes en una gran variedad de especies marinas, afectando la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la salud humana.
La comisaria europea Jessika Roswall será una de las voces destacadas en el segmento ministerial previsto para el 12 de agosto, donde la UE reclamará un texto ambicioso y medidas concretas. Entre las propuestas se incluye la prohibición gradual de productos plásticos de alto riesgo, el refuerzo de la gestión ecológica de residuos y la implementación de estándares globales compartidos.
“Sin flexibilidad por parte de todos los actores, no habrá acuerdo posible”, ha advertido la delegación europea, consciente de las resistencias de ciertos países productores y del peso de los intereses industriales.
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