Conflictos simultáneos en Venezuela, Irán y el mar Negro presionan al alza los precios del crudo, mientras los mercados enfrentan señales contradictorias entre amenazas de suministro y un posible superávit global.
Los mercados petroleros atraviesan un periodo de inestabilidad excepcional, con el precio del crudo Brent alcanzando su nivel más alto en tres meses en un contexto marcado por crisis geopolíticas simultáneas en Venezuela, Irán y la región del mar Negro. A pesar de este entorno tenso, los analistas advierten que un exceso de oferta aún podría dominar el mercado global a medio plazo, manteniendo a los inversionistas en un estado de incertidumbre.
El año comenzó con un giro brusco: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió al mundo al anunciar la destitución del mandatario venezolano Nicolás Maduro. El Brent, que había abierto 2026 a 61 dólares por barril, cayó brevemente por debajo de los 60 ante las expectativas de una rápida recuperación de la producción y exportación de crudo venezolano, país con las mayores reservas probadas del mundo. No obstante, la falta de detalles concretos por parte de Washington disipó el optimismo inicial, y el mercado se estabilizó.
La atención se trasladó rápidamente a Irán, donde las protestas internas y las amenazas de intervención estadounidense elevaron el precio del petróleo en más del 9% en una semana, superando los 66 dólares por barril. Aunque un eventual cambio de régimen podría traducirse en mayor oferta de crudo a largo plazo, en el corto plazo los riesgos apuntan a interrupciones de suministro en un contexto ya de por sí volátil.
La tensión aumentó aún más cuando drones atacaron dos petroleros en el mar Negro, uno de ellos fletado por la compañía estadounidense Chevron, mientras se aproximaban a un terminal ruso clave para las exportaciones de crudo kazajo. El ataque se produjo poco después de que Estados Unidos incautara un buque con bandera rusa en el Atlántico, elevando el temor de que más barriles puedan quedar atrapados en disputas geopolíticas.
En conjunto, las exportaciones de crudo desde Venezuela, Irán y el mar Negro alcanzaron en 2025 los 4,6 millones de barriles diarios, aproximadamente el 4,5% del suministro global. A pesar de que los mercados energéticos han aprendido a reaccionar con menor dramatismo ante crisis geopolíticas, estas cifras no pueden ser ignoradas por los traders.
De los tres focos de conflicto, el que más preocupa a los mercados es Irán, en particular por el riesgo de que se vea afectado el tránsito de petróleo por el estrecho de Ormuz, por donde circula casi el 20% del crudo y gas mundial.
Aunque se considera poco probable que Teherán cierre esta vía —pues afectaría sus propias exportaciones y desataría una respuesta militar rápida—, existen otras formas de presión, como ataques a aliados de EE. UU. en la región. Un ejemplo reciente fue el ataque iraní a una base estadounidense en Qatar en junio, que no tuvo grandes consecuencias en el mercado, pero cuya repetición ahora podría cambiar el panorama. Basta recordar que en 2019, un ataque con drones iraníes a la planta saudí de Abqaiq redujo en 5% el suministro global, generando un fuerte repunte de precios.
A pesar de este aumento reciente del 9%, los precios del petróleo aún se mantienen dentro del mismo rango estrecho que han registrado en los últimos meses. La razón: la amenaza de un superávit de oferta sigue latente.
La Agencia de Información Energética de EE. UU. (EIA) proyecta un incremento promedio de 2,8 millones de barriles diarios en los inventarios globales durante 2026. Además, el volumen de petróleo transportado por buques ha crecido hasta los 1.300 millones de barriles, el nivel más alto desde mediados de 2020, cuando el mundo sufría restricciones por la pandemia. Según la firma de análisis Kpler, esto indica que la producción está superando la demanda.
Un dato clave es que alrededor de una cuarta parte de este petróleo procede de Irán, Rusia y Venezuela, lo que complica su comercialización por estar sujeto a sanciones internacionales. Aun así, los niveles siguen elevados y también se observan señales de aumento de inventarios en tierra firme.
La curva de precios del Brent presenta una estructura de backwardation, es decir, los contratos a corto plazo cotizan más caros que los futuros, lo que no incentiva el almacenamiento. Esto contrasta con la estructura contango, habitual cuando el mercado anticipa exceso de oferta. La actual desconexión puede reflejar la falta de visibilidad sobre el volumen real de petróleo sancionado transportado por la llamada “flota en la sombra”, así como la opacidad de los inventarios estratégicos en China.
En medio de este escenario, los traders deben lidiar no solo con cifras contradictorias, sino también con escenarios geopolíticos cambiantes que podrían afectar dramáticamente el suministro global.
Los inversionistas enfrentan una amplia gama de escenarios posibles que dificultan la toma de decisiones. Hasta que no se aclaren algunos de los conflictos abiertos en los principales países exportadores, es probable que los precios del crudo se mantengan dentro de un rango acotado, reflejando la tensión entre los riesgos geopolíticos y el potencial exceso de oferta.
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