El informe anual del del centro francés de vigilancia con base en BrestMaritime Information Cooperation & Awareness Center (MICA Center)2025 contabiliza 606 incidentes en el mundo (un 6% menos), pero describe una amenaza cada vez más industrial, tecnológica y transversal para navieras, puertos y cadenas logísticas europeas.
A primera vista, el balance global podría parecer moderadamente positivo: en 2025 se registraron 606 incidentes de seguridad marítima a escala mundial, un descenso del 6% respecto a 2024, según el último informe del Maritime Information Cooperation & Awareness Center (MICA Center), alojado en instalaciones de la Marina francesa en Brest. Sin embargo, el propio documento —y las voces que lo acompañan— insisten en que el dato agregado oculta una realidad más inquietante: las amenazas no desaparecen, se desplazan y se sofisticán, con el narcotráfico como fenómeno dominante.
El MICA Center dibuja un panorama en el que las redes criminales utilizan cualquier vector marítimo disponible, desde pequeñas embarcaciones hasta grandes buques portacontenedores, combinando rutas, escalas y métodos para saturar la capacidad de control. En paralelo, el impacto económico se vuelve tangible: inmovilizaciones, inspecciones prolongadas y sobrecostes que golpean a armadores y operadores logísticos, además de elevar la presión sobre puertos de entrada al mercado europeo.
La Unión Europea, por su densidad portuaria y su dependencia del comercio marítimo, aparece como destino y corredor. La Comisión Europea subraya que el MAOC-N (centro de análisis y operaciones marítimas contra los narcóticos, con apoyo comunitario) está precisamente orientado a interrumpir redes transatlánticas que emplean pesqueros sin pabellón, “go-fast” y operaciones coordinadas en aguas internacionales.
El salto cualitativo que refleja el informe —y que corroboran episodios recientes— es la diversificación tecnológica. Los semisumergibles de perfil bajo, difíciles de detectar, se consolidan como herramienta para grandes cargas. Y en 2025 se cruzó un umbral simbólico: Colombia anunció la incautación de un semisumergible autónomo equipado con antena Starlink, un indicio del tránsito hacia plataformas con menor exposición humana y mayor “tolerancia” a la pérdida del vehículo si es interceptado.
A ello se suman las lanchas “go-fast”, capaces de velocidades muy elevadas y de operar en series de travesías, y la persistencia del contenedor como “caballo de batalla” del tráfico intercontinental por volumen y complejidad de inspección. En términos operativos, el reto para Europa no es solo marítimo: también es portuario, aduanero, tecnológico y judicial.
El contexto de 2025 deja cifras y operaciones que explican por qué el narcotráfico domina el capítulo de seguridad marítima. Medios que citan datos operativos señalan que la Marina francesa alcanzó incautaciones récord de droga a escala global durante 2025, con la cocaína como componente principal. Y, en la ruta atlántica hacia Europa, destacan golpes como la incautación de 9,6 toneladas de cocaína en un pesquero sin bandera frente a África Occidental, en una operación atribuida a cooperación internacional.
La tendencia, además, no se detuvo con el cambio de año. A comienzos de febrero de 2026, Reuters informó de nuevas incautaciones relevantes por parte de la Marina francesa en el Pacífico y el Caribe, en un escenario de presión creciente sobre las rutas marítimas y sobre la violencia asociada al negocio.
La lectura de fondo del dossier del MICA Center es clara: incluso con menos incidentes totales, la seguridad marítima entra en una fase más híbrida —donde crimen organizado, tecnología, logística y geopolítica se cruzan— y donde los efectos llegan hasta el consumidor final por la vía de costes y disrupciones. Para el ecosistema europeo (navieras, terminales, transitarios, autoridades y también sectores como la pesca, expuestos a rutas y áreas de actividad), el desafío no es únicamente “interceptar”: es anticipar, compartir inteligencia, blindar procesos portuarios y reducir vulnerabilidades en la cadena documental y operativa.
Al final, el descenso estadístico de incidentes no debe leerse como una tregua, sino como un cambio de forma: menos “ruido” agregado, más especialización criminal, y un Atlántico donde la presión por llegar a Europa sigue empujando a las redes a innovar antes que las defensas.
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