El trabajo, realizado con AZTI y publicado en Global Change Biology, analiza dos décadas de datos en la costa catalana y concluye que la “tropicalización” está cambiando capturas e ingresos. El reconocimiento llega con el Premi Ciutat de Barcelona 2025 en Ciències Ambientals i de la Terra.
La crisis climática ya no es un horizonte abstracto para la pesca mediterránea: está reordenando especies, precios y rentabilidades puerto a puerto. Esa es la fotografía que dibuja el estudio liderado por el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), en colaboración con AZTI, distinguido con el Premi Ciutat de Barcelona 2025 en la categoría de Ciències Ambientals i de la Terra.
El jurado premió, según destaca el ICM, la capacidad del trabajo para conectar la emergencia climática con consecuencias directas en el sector pesquero, una relación que empieza a medirse en toneladas desembarcadas… y en euros en la lonja.
Publicada en la revista Global Change Biology, la investigación analiza cómo el calentamiento progresivo del Mediterráneo está alterando la composición de capturas y de ingresos a lo largo de la costa catalana. El trabajo vincula estos cambios al aumento de temperatura del mar, estimado en un rango de 0,3 a 0,8 ºC por década, con picos de hasta 2,5 ºC sobre la media histórica en algunos años.
La conclusión principal es clara: crece el peso relativo de especies de aguas cálidas (tropicalización) y retrocede el de especies asociadas a aguas más frías (deborealización), tanto en capturas como en valor económico.
Y, sobre todo, no afecta igual a todos.
Uno de los aportes más útiles del estudio —y uno de los motivos por los que su lectura interesa al sector— es que baja al detalle: diferencia por flotas y por lonjas, evitando el “promedio” que a menudo oculta realidades contrapuestas.
Entre los hallazgos, AZTI subraya que:
En especies comerciales de alto valor, el estudio detecta caídas tanto en captura como en ingresos en casos como merluza, bacaladilla o cigala, lo que apunta a una presión doble: clima y explotación.
Y aparecen “paradojas” relevantes para el mercado: sardina y pulpo muestran descenso de capturas, pero aumento de ingresos, recordando que el precio, la demanda y la disponibilidad pueden desacoplar volumen y facturación.
Más allá del reconocimiento, el mensaje institucional del ICM es que este tipo de evidencia debe convertirse en guía para decisiones: desde la gestión pesquera a la planificación portuaria y la adaptación socioeconómica de las comunidades costeras.
La autora principal, Lucía Espasandín, resume la idea central: el cambio climático “no es una amenaza futura”, sino un fenómeno con efectos ya medibles en biodiversidad y economía pesquera.
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