El calentamiento acelerado del Mediterráneo ya no es una proyección científica: es una realidad que está redefiniendo, con datos en la mano, la estructura productiva de los puertos catalanes. Un estudio liderado por Lucia Espasandín, investigadora predoctoral del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), recientemente reconocida con el Premio Ciudad de Barcelona, ofrece por primera vez una radiografía
exhaustiva —puerto por puerto— de cómo el aumento de la temperatura marina está alterando la composición de las capturas y, en consecuencia, los ingresos del sector pesquero catalán.
Publicada en la revista científica Global Change Biology, la investigación analiza 23 años de datos oficiales de todas las lonjas del litoral catalán. El resultado es contundente: las especies de aguas frías retroceden de manera sostenida, mientras que las de afinidad cálida ganan peso específico en volumen y, en determinados casos, en facturación.
Un cambio estructural con impacto económico
El Mediterráneo noroccidental se está calentando a un ritmo superior a la media global. Este incremento de temperatura modifica la distribución y la abundancia de las especies comerciales. El estudio evidencia que, en el conjunto de Cataluña, las capturas de especies asociadas a aguas más frías han disminuido de manera significativa a lo largo del período analizado, tanto en toneladas desembarcadas como en peso sobre el total.
Lucia Espasandín afirma sobre el cambio en la biodiversidad y las capturas que, “Lo que vemos es cómo lo que está ocurriendo en la biodiversidad marina afecta a los pescadores; con el calentamiento de las temperaturas, las especies de aguas cálidas están aumentando, y eso lo vemos en las capturas y los ingresos de la costa catalana, mientras que las especies de aguas frías están disminuyendo su composición, transformando el sector con la caída de especies tradicionalmente importantes como la sardina, la merluza o la cigala, mientras otras como la gamba blanca aumentan su frecuencia”.
Entre las más afectadas destacan:
La sardina (Sardina pilchardus), pilar histórico del cerco catalán, con una caída acumulada de capturas superior al 40% en diversos puertos.
La merluza (Merluccius merluccius), especie clave del arrastre, con descensos que en determinadas lonjas superan el 30%.
La cigala (Nephrops norvegicus), especialmente sensible a las olas de calor marina, con retrocesos sostenidos en volumen y valor económico.
En paralelo, especies con preferencia por aguas más cálidas han incrementado su presencia. El caso paradigmático es la gamba blanca (Parapenaeus longirostris), que registra aumentos notables tanto en capturas como en ingresos, llegando a compensar parcialmente la pérdida de otros recursos tradicionales en determinados puertos.
Este desplazamiento no es homogéneo. El estudio demuestra que existe una clara variabilidad territorial: algunos puertos han conseguido adaptarse mejor a la nueva composición de especies, mientras que otros —más dependientes de un número reducido de recursos— presentan una vulnerabilidad mucho más elevada.
A partir de la investigación de Lucia Espasandín y su equipo, se puede realizar un diagnóstico preciso de la situación actual de la pesca en la costa catalana en relación con el cambio climático:
Sobre el impacto en la economía de las familias, Lucia Espasandín explica que, “Estos cambios afectan directamente a la gente que se gana la vida con el mar y a la manera de vivir de muchas familias que se ven afectadas por esta falta de especies; por tanto, no estamos hablando solo de un tema biológico o científico, sino que estamos tocando la economía familiar y los ingresos que reciben los pescadores por unas especies que están desapareciendo por presiones como la sobrepesca y, especialmente, por el cambio climático”.
Puerto por puerto: el valor del detalle
Uno de los principales activos de la investigación es su escala de análisis. Lejos de estudios agregados, el trabajo baja al terreno y examina cada lonja catalana a lo largo de más de dos décadas. Esta aproximación permite identificar patrones concretos:
Puertos con fuerte peso del cerco muestran una dependencia crítica de la
sardina y la anchoa.
Zonas con mayor diversificación de artes y especies presentan una estructura de ingresos más resiliente.
Las flotas especializadas experimentan oscilaciones de facturación más acusadas ante la pérdida de una especie objetivo.
En términos de composición de ingresos, el cambio es tan relevante como el de capturas. Las especies de aguas cálidas han aumentado su peso relativo en la facturación total de varias lonjas, mientras que las tradicionales han reducido su aportación porcentual. Esto implica una reconfiguración del modelo de negocio de muchas embarcaciones.
En lenguaje empresarial: estamos ante un proceso de transformación estructural del sector pesquero catalán.
Vulnerabilidad de las flotas especializadas
El estudio es especialmente claro en un punto: la especialización extrema es un factor de riesgo en un escenario de cambio climático.
Las embarcaciones de cerco, fuertemente orientadas a pequeños pelágicos como la sardina, afrontan un escenario complejo. Si la especie objetivo reduce su abundancia o se desplaza geográficamente, el margen de maniobra es limitado. El impacto no es solo ecológico; es directamente financiero y social.
Hablamos de rentabilidad, de capacidad de retorno de la inversión, de sostenibilidad empresarial. Y, sobre todo, de la economía de familias que dependen casi exclusivamente de este recurso.
Espasandín explica sobre la vulnerabilidad de las flotas especializadas que, “Habrá veces que podremos adaptarnos y aprovechar ciertas oportunidades por el aumento de determinadas especies, pero lo que también sucede es que las flotas que dependen de pocas especies sí se verán más vulnerables porque están disminuyendo precisamente esas pocas variedades de las que dependen, como es el caso de la flota de cerco, lo que las sitúa en una situación de riesgo que debemos analizar detenidamente”.
El cambio climático como multiplicador de presiones
Los autores subrayan que el calentamiento no actúa en solitario. Se añade a presiones preexistentes como la sobrepesca histórica, la contaminación o la degradación de hábitats. El resultado es un ecosistema más frágil, con menor capacidad de respuesta
ante episodios extremos como las olas de calor marinas. Este contexto obliga a decir las cosas por su nombre: el modelo tradicional de pesca, tal como se ha conocido durante décadas, está en proceso de redefinición forzada. No se trata de una adaptación cosmética, sino de un cambio profundo en la base biológica del negocio.
Ahora bien, el estudio también aporta una lectura constructiva. Aunque una parte del cambio climático es ya inevitable, todavía existe margen para reforzar la resiliencia del ecosistema y del sector.
Conclusiones: conocimiento para anticipar decisiones
Las conclusiones del trabajo son claras y operativas:
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