Una tesis doctoral basada en más de tres décadas de campañas internacionales de ictioplancton constata el desplazamiento reciente del desove de la caballa del Atlántico nororiental hacia latitudes más septentrionales. El hallazgo refuerza la necesidad de integrar clima y oceanografía en la evaluación y la gestión de una especie clave para Europa.
Vigo ha vuelto a situar a la caballa en el centro del debate científico y pesquero europeo. Una tesis doctoral desarrollada en el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) ha detectado una expansión reciente hacia el norte de las áreas de desove de la caballa del Atlántico nororiental (Scomber scombrus), un cambio que podría estar vinculado al aumento de la temperatura superficial del mar y a modificaciones en procesos oceanográficos.
El resultado no es menor: la caballa es uno de los grandes pelágicos del Atlántico europeo por su peso ecológico y socioeconómico. Cualquier desplazamiento en su reproducción afecta a la forma en que se entiende el stock, se evalúa su estado y, en consecuencia, se toman decisiones sobre su gestión.
El trabajo no se limita a describir un desplazamiento geográfico. Ofrece una lectura integral de cómo se distribuye, cómo se reproduce y cómo responde la caballa a un contexto de cambio climático, combinado con la presión pesquera y la variabilidad ambiental.
Además de confirmar esa expansión reciente hacia el norte, el estudio reafirma el valor histórico del mar Cantábrico como área de reproducción, una referencia crucial para España y para el conjunto del Atlántico nororiental. La investigación también identifica los rangos ambientales preferentes —temperatura, salinidad y batimetría— en los que aparecen los huevos, un indicador clave para delimitar hábitats esenciales de puesta.
En palabras del científico del Centro Oceanográfico de Vigo y autor de la tesis, Gersom Costas, el uso de la abundancia de huevos ha permitido caracterizar con mayor precisión los hábitats reproductivos y, sobre todo, revelar interacciones no lineales entre factores ambientales, geográficos y poblacionales. Traducción práctica: no basta con mirar una variable aislada; la reproducción responde a combinaciones y umbrales que pueden cambiar de un año a otro.
El estudio se apoya en un pilar poco frecuente por su continuidad: más de 30 años de información procedente de las campañas internacionales trienales de ictioplancton del Atlántico nororiental, coordinadas por el grupo WGMEGS (Working Group on Mackerel and Horse Mackerel Egg Surveys) del ICES (Consejo Internacional para la Exploración del Mar). El IEO participa de forma activa en estas campañas, que son una de las grandes bases de datos europeas para entender la dinámica reproductiva de especies pelágicas.
La tesis adopta un enfoque multidisciplinar: análisis descriptivo, evaluación espacial y modelización espaciotemporal, integrando biología con variables oceanográficas. En términos de gestión, este tipo de aproximaciones son cada vez más valiosas: permiten pasar del mapa estático a la probabilidad dinámica de “dónde” y “cuándo” se reproduce una población en un océano que ya no se comporta como antes.
El desplazamiento hacia latitudes más altas plantea un mensaje incómodo pero útil: si el desove cambia, los indicadores de evaluación y los supuestos históricos pueden quedarse cortos. Y si las zonas esenciales se redistribuyen, también lo hace la exposición del stock a presiones distintas (ambientales, oceanográficas, de actividad pesquera o de conectividad con áreas de cría).
La investigación ofrece, de hecho, una “caja de herramientas” para la toma de decisiones:
En una especie tan estratégica como la caballa —en plena discusión política y sectorial por su compleja gestión internacional—, disponer de una base científica sólida sobre su reproducción no es un lujo académico: es una condición para reducir incertidumbre y evitar decisiones a ciegas.
La tesis, titulada “Método Anual de Producción de Huevos en la caballa (Scomber scombrus L.) del Atlántico Noreste”, se realizó en el Centro Oceanográfico de Vigo del IEO-CSIC, bajo la dirección del Dr. Graham Pierce (Instituto de Investigacións Mariñas, IIM-CSIC). Fue desarrollada en el programa de doctorado DO*MAR y defendida en la Universidad de Vigo en enero de 2026.
El hallazgo de esta tesis se lee como una fotografía del presente, pero también como un aviso de futuro. La caballa, por su movilidad y sensibilidad a condiciones ambientales, actúa como especie indicadora de un Atlántico nororiental que se calienta y se reorganiza. Que sus huevos aparezcan más al norte no solo habla de la caballa: habla del océano.
Y cuando el océano cambia, la ciencia —y la gestión— tienen que moverse con él.
El comisario europeo de Pesca y Océanos participa en el Comité Ejecutivo del Pelagic AC y avala un mensaje que el sector repite desde hace años: sin un acuerdo real con los Estados costeros, la población de caballa del Atlántico nororiental y las flotas que dependen de ella se quedarán sin red.
La presencia del comisario Costas Kadis en la reunión del Comité Ejecutivo del Pelagic Advisory Council (PelAC) no fue un gesto protocolario más. Para el consejo consultivo —foro de referencia que agrupa a los actores con interés en las pesquerías pelágicas europeas—, el encuentro sirvió para subrayar que Bruselas mantiene el oído pegado a los grandes asuntos que hoy tensionan la política pesquera: sostenibilidad biológica, certidumbre regulatoria y competitividad de unas flotas que operan cada vez con menos margen.
En esa conversación, la caballa del Atlántico Noreste volvió a ocupar un lugar prioritario. No por novedad —su “situación compleja” es conocida desde hace años—, sino por urgencia. El problema, recuerdan los operadores, es doble: por un lado, el estado del stock y la necesidad de recuperar niveles seguros; por otro, el desencuentro crónico en el reparto y en los niveles de captura entre la Unión Europea y otros Estados costeros, que ha derivado en años de pesca por encima de las recomendaciones científicas y en un escenario de incertidumbre para las campañas. En enero de 2026, el propio Kadis elevó el tono en el Consejo de Agricultura y Pesca (Agrifish) reclamando una reacción europea “urgente” ante la caballa del Atlántico nororiental, enmarcando el asunto como un reto que trasciende lo biológico y golpea directamente a la credibilidad del sistema de gestión compartida.
El PelAC trasladó al comisario una valoración positiva del enfoque de la Comisión en las conversaciones con los Estados costeros. El matiz es importante: se aplaude la actitud “proactiva” de Bruselas, pero se asume que el calendario aprieta y que las próximas consultas podrían ser la última oportunidad para reconducir el expediente antes de que la espiral de desacuerdos se consolide como norma.
La Comisión, por su parte, viene defendiendo que la solución pasa por recuperar un marco de entendimiento que garantice dos condiciones básicas: capturas alineadas con la ciencia y un reparto aceptable para las partes. La lógica es conocida en el sector: sin disciplina compartida, el incentivo a “asegurar” cuota unilateralmente se multiplica; y, con ello, el daño a largo plazo al recurso y a las economías que dependen de él.
Uno de los elementos más relevantes del encuentro —y que el propio consejo destaca— fue la capacidad del PelAC para presentar una posición firme, adoptada por unanimidad por todos sus miembros. En el ecosistema comunitario, donde la fragmentación suele diluir mensajes, esa unanimidad funciona como una palanca: convierte una recomendación sectorial en un documento con mayor peso político y reduce la tentación de que cada subsector “negocie” su relato por separado.
No es un detalle menor. Los Consejos Consultivos existen precisamente para canalizar el conocimiento del terreno hacia la toma de decisiones europea. Y el PelAC ha trabajado en los últimos años para que ese canal sea algo más que un buzón: quiere ser —y a menudo lo consigue— un actor que ordena posiciones, las depura y las devuelve a Bruselas en forma de propuestas coherentes.
Detrás de la discusión técnica hay una realidad industrial: la caballa es un pilar para buena parte de las pesquerías pelágicas del Atlántico europeo y una pieza clave para la actividad de puertos, lonjas, transformado y logística. En países con fuerte dependencia de estas capturas —también para la cadena de valor española—, cada campaña marcada por recortes o por incertidumbre contractual se traduce en tensión financiera y en un debate recurrente: “cumplimos nosotros, ¿y los demás?”.
De ahí que Kadis esté elevando el caso como ejemplo de lo que ocurre cuando la gobernanza compartida se resquebraja. En su intervención pública de enero, describió la situación de la caballa del Atlántico nororiental como especialmente grave y urgió a la UE a mover ficha, subrayando que el escenario no es sostenible ni para el recurso ni para las comunidades pesqueras.
El PelAC sale de la reunión con un objetivo explícito: que su contribución ayude a avanzar hacia una solución y a dar un “paso decisivo” para el futuro del stock y de las pesquerías que dependen de él. Dicho de otro modo: el Consejo Consultivo pone su capital —unidad interna y legitimidad sectorial— al servicio de una estrategia comunitaria que necesita resultados medibles en la mesa de negociación.
El mensaje que queda tras el encuentro es nítido: escucha hay; ahora el sector pide eficacia. Si las próximas consultas con los Estados costeros se convierten, como teme el PelAC, en la “última oportunidad”, Bruselas y la industria comparten una misma cuenta atrás: la de la caballa… y la de un modelo de gestión que solo funciona cuando todos aceptan límites comunes.
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