El proyecto ACIAR, seleccionado en COMTE Innovación 2025, busca producir huevos y juveniles para una acuicultura más sostenible, con impacto ambiental y económico.
La acuicultura del atún rojo ( Thunnus thynnus ) lleva años instalada en una paradoja: es una actividad de alto valor, tecnificada y global, pero todavía depende en gran medida del mar para su “materia prima”. En la práctica, buena parte de lo que se conoce como “cultivo” es, en realidad, engorde de ejemplares capturados en el medio natural y trasladados a jaulas para su cebo y comercialización. La propia FAO recuerda que, hasta hoy, el suministro de “semilla” en la acuicultura comercial de túnidos se basa en la captura de juveniles silvestres, aunque se investiga en semillas producidas artificialmente.
Cerrar ese círculo —pasar del engorde a un ciclo biológico completo en cautividad— es, precisamente, el corazón del proyecto ACIAR (Acuicultura integral del atún rojo atlántico), uno de los seleccionados en el programa COMTE Innovación 2025 de la Fundación General CSIC. El objetivo: desarrollar un modelo integral que permita completar el ciclo (reproducción, larvicultura, alevinaje y crecimiento), y avanzar hacia una acuicultura con mayor autonomía tecnológica y menor presión sobre el recurso.
ACIAR se enmarca en una edición de COMTE Innovación concebida para acompañar proyectos del CSIC en su salto hacia el mercado: mentorización, aceleración, apoyo legal y búsqueda de financiación, con un horizonte de 24 meses y una dotación económica asociada a cada iniciativa (en el marco del programa).
En la edición 2025, los proyectos seleccionados arrancan trabajo en 2026 con el reto de elevar su madurez tecnológica y convertir conocimiento científico en soluciones transferibles. En el caso de ACIAR, la ambición es directa: transformar la forma en que Europa (y España) se relaciona con una de sus especies más emblemáticas.
Aurelio Ortega García, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y voz de referencia en esta línea de trabajo, sitúa el punto de partida con claridad: hoy, la acuicultura de atún rojo está dominada por el engorde de peces capturados, y el gran salto pendiente es producir en cautividad desde el origen.
“Lo que se hace ahora es engorde de atunes capturados en el mar… Nosotros lo que queremos es cultivar atún rojo: disponer de reproductores, hacer selección genética, reproducirlo en cautividad y lograr que los juveniles lleguen a tamaño comercial”, explica Ortega. El nudo crítico, admite, es elevar la supervivencia en las fases tempranas: “aumentar la supervivencia es el reto”.
La frase resume décadas de biología aplicada: en especies altamente migratorias y de gran tamaño, el cuello de botella no es solo “hacer que desoven”, sino sostener con éxito la cadena desde el huevo hasta el juvenil robusto.
El planteamiento de ACIAR apunta a un cambio de escala en la lógica industrial: si el proyecto consolida protocolos y demuestra viabilidad, España podría avanzar hacia un esquema en el que los centros científico-tecnológicos sean capaces de proveer huevos fertilizados o juveniles a empresas del sector, abriendo la puerta a nuevas inversiones y a una acuicultura menos dependiente del mar como proveedor de “semilla”.
Esa potencial “oferta” no es menor. En un mercado global donde la disponibilidad de producto, la estabilidad de suministro y la trazabilidad pesan cada vez más, disponer de juveniles de origen controlado supone:
En el discurso de Ortega García y en la experiencia acumulada por equipos del IEO-CSIC, el desafío se descompone en varias piezas, todas exigentes:
No es casual que proyectos previos del IEO-CSIC hayan trabajado precisamente en mejorar la cría larvaria y la alimentación viva en especies marinas, afinando técnicas y reduciendo mortalidad inicial: es el terreno donde se juega el “sí o no” del ciclo completo.
Si la acuicultura de atún rojo logra avanzar hacia semilla producida en cautividad, el beneficio ambiental más intuitivo es reducir la dependencia de la captura de juveniles silvestres, una práctica asociada a la llamada “acuicultura de captura” (capture-based aquaculture).
Pero el proyecto también abre una conversación inevitable: el ciclo completo trae consigo nuevas responsabilidades. El atún rojo es un depredador de crecimiento rápido, y su cultivo plantea retos de sostenibilidad vinculados a:
En otras palabras: el salto tecnológico puede reducir un tipo de impacto, pero exige diseñar bien el modelo para no trasladar el problema a otros puntos de la cadena.
En términos económicos, el potencial es notable. El atún rojo es una especie de altísimo valor comercial y con una cadena internacional sofisticada. Completar el ciclo en cautividad permitiría:
El propio planteamiento de COMTE Innovación busca precisamente eso: que la ciencia madure soluciones y las acerque al tejido productivo con herramientas de aceleración y transferencia.
ACIAR arranca con un horizonte de trabajo que combina ciencia, tecnología y mercado. Y, como suele ocurrir en acuicultura avanzada, habrá un indicador que lo dirá casi todo: mejorar supervivencia en fases tempranas y demostrar escalabilidad. Si esa curva se mueve, el proyecto abre una nueva pantalla para el sector; si no se mueve, confirmará que el ciclo completo del atún rojo sigue siendo una frontera.
Ortega García lo resume sin rodeos: “aumentar la supervivencia” es la llave. Porque detrás de esa frase está la diferencia entre un logro científico y una transformación real de la industria.
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