ARVI, Facope y la Federación de Cofradías de Pescadores de Asturias reclaman medidas urgentes al Gobierno ante una escalada del gasóleo que amenaza la rentabilidad de las mareas, la actividad en puerto y el precio final del pescado
La nueva crisis energética desatada por la guerra en Oriente Medio ha devuelto a la flota pesquera española a un escenario que el sector creía haber dejado atrás tras el shock de 2022. El repunte del gasóleo profesional, alimentado por la tensión sobre el estrecho de Ormuz y por la presión sobre el mercado internacional del diésel, ha llevado de nuevo el precio del combustible a niveles críticos para muchas empresas extractivas. En cuestión de días, el coste de salir a faenar se ha disparado y las principales organizaciones del sector advierten de que, si no se adoptan medidas urgentes, parte de la flota podría verse obligada a amarrar.
La señal de alarma más contundente ha llegado desde Vigo. Fuentes de la Cooperativa de Armadores de Pesca del Puerto de Vigo (ARVI), a través de su presidente Javier Touza, han trasladado al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación su “enorme preocupación” por una subida del gasóleo superior al 72% en apenas una semana. Según esos datos, la flota pasó de trabajar con una media de 0,555 euros por litro en 2025 y de 0,533 euros en los dos primeros meses de 2026 a pagar ya 0,991 euros por litro en Vigo y hasta 1,10 euros en algunas tomas realizadas por barcos de capital gallego en puertos europeos. ARVI considera que estos niveles sitúan a numerosos buques al borde de la inviabilidad económica y recuerda que el combustible es uno de los principales costes variables de la actividad pesquera.
La organización viguesa subraya además que el problema no se limita a la cuenta de resultados de los armadores. Según las fuentes de ARVI recogidas en Galicia, una pesca asfixiada por el precio del carburante compromete la seguridad alimentaria, reduce la oferta en lonja y alimenta una cadena inflacionista que acaba repercutiendo en la cesta de la compra. Ese diagnóstico enlaza con la preocupación general del sector primario gallego, que ya ha pedido respuestas inmediatas ante un incremento energético que amenaza con trasladarse a toda la economía productiva vinculada al mar.
Desde Andalucía, la Federación Andaluza de Cofradías de Pescadores (Facope) coincide en el diagnóstico y en la urgencia. Su presidente, Manuel Fernández, ha reclamado al Gobierno central un plan inmediato de apoyo financiero para compensar una subida de más del 30% del combustible y evitar que los barcos tengan que parar por imposibilidad de cubrir gastos. Facope ha advertido de que, si el precio supera o consolida la barrera del euro por litro en las próximas semanas, muchas embarcaciones no podrán sostener ni los costes operativos ni el pago a las tripulaciones. La federación andaluza añade que la situación llega en un momento especialmente delicado, tras los paros biológicos en el Golfo de Cádiz y el Mediterráneo y con la flota de cerco atlántica apenas reincorporada a la actividad desde mediados de febrero.
En Asturias, la Federación de Cofradías de Pescadores, presidida por Adolfo García, ha descrito una realidad igual de inquietante. Según las fuentes asturianas, el gasóleo ha pasado de unos 0,50 euros por litro a rozar el euro en apenas una semana, un salto de alrededor del 50% que pone en riesgo campañas esenciales como las del bonito y la anchoa. El sector recuerda que este golpe llega después de un invierno meteorológicamente muy duro, con semanas de amarre forzoso para parte de la bajura y sin ingresos para muchas familias pesqueras. Desde Asturias ya se habla abiertamente de reclamar ayudas al Principado, al Gobierno central y a Bruselas, sin descartar acciones reivindicativas si la situación persiste.
Lo que une a Vigo, Andalucía y Asturias es algo más que un problema coyuntural de tesorería. El sector vuelve a constatar hasta qué punto la pesca europea sigue siendo vulnerable a las convulsiones geopolíticas y al precio del gasóleo. Reuters ha señalado esta semana que el diésel es el derivado petrolero más expuesto a la actual crisis en Oriente Medio y que hasta el 20% del comercio marítimo mundial de este producto pasa por el estrecho de Ormuz. A ello se suma la pérdida de otros suministros y el hecho de que Europa, tras reducir su dependencia del combustible ruso, ha quedado más expuesta a las importaciones procedentes de Oriente Medio. El resultado es un mercado extremadamente nervioso, con una repercusión casi inmediata sobre sectores intensivos en carburante como la pesca.
La petición que emerge desde las tres orillas españolas es clara: anticiparse antes de que el daño sea irreversible. ARVI reclama al Ejecutivo que no espere a que se reproduzca el escenario de 2022; Facope exige un plan de urgencia de apoyo financiero; y la federación asturiana pide una reacción coordinada de todas las administraciones. El mensaje de fondo es el mismo en los tres casos: no se trata solo de proteger la rentabilidad de las empresas, sino de evitar un colapso en cadena que afecte al empleo, a las lonjas, a la industria transformadora y al abastecimiento alimentario. La crisis del combustible ha vuelto a colocar a la pesca ante una vieja evidencia: cuando el gasóleo se dispara, la sostenibilidad económica de la actividad se resiente mucho antes de que el pescado llegue al consumidor.
El caso francés
La pesca francesa ha vuelto a situar el combustible en el centro de todas sus preocupaciones. El Comité Nacional de Pesca Marítima y de Cultivos Marinos (CNPMEM) alertó el 9 de marzo de que el precio del gasóleo marítimo ha pasado en pocos días de unos 0,62 euros por litro a más de 0,82 euros, alcanzando incluso el euro en algunos puertos, una escalada que amenaza directamente la viabilidad económica de numerosos armamentos. La organización sectorial advierte de que, con estos niveles, salir a faenar deja de ser rentable para parte de la flota y aumenta el riesgo de inmovilización de buques en plena campaña.
La nueva sacudida no se explica solo por un movimiento especulativo puntual, sino por un deterioro brusco del mercado internacional del diésel. Reuters señala que este combustible es hoy uno de los productos petrolíferos más expuestos a la guerra en Oriente Medio, con entre el 10% y el 20% del comercio marítimo mundial de diésel pasando por el estrecho de Ormuz. Esa vulnerabilidad se ha traducido en una fuerte subida de márgenes y precios desde Asia hasta Europa, especialmente en un continente que, tras reducir su dependencia del suministro ruso, ha quedado más ligado a importaciones procedentes de Oriente Medio.
Para el sector pesquero francés, el problema es doble. Por un lado, el gasóleo ya figuraba entre los principales costes de explotación de los buques antes de esta crisis; por otro, la profesión llega a este nuevo episodio con una estructura financiera todavía castigada por los impactos acumulados del Brexit, la pandemia, la guerra de Ucrania y las restricciones espaciales y temporales aplicadas en distintos caladeros. El CNPMEM subraya que incluso cuando los barcos no salen a la mar, los salarios y otros costes fijos siguen corriendo, de modo que una subida así no solo reduce márgenes: puede quebrar el equilibrio económico de muchas empresas.
La alarma lanzada desde Francia no se limita a los armadores. El propio comité nacional advierte de un efecto dominó sobre toda la cadena: mareyeurs, transportistas, mayoristas, pescaderías, transformadores y distribuidores. Si los barcos amarran por falta de rentabilidad, no solo cae la actividad extractiva; también se resienten los puertos, las lonjas y el abastecimiento alimentario de los territorios costeros. En paralelo, analistas citados por Reuters alertan de que una prolongación del shock del diésel podría traducirse en una nueva oleada de inflación de costes, encareciendo el transporte, los alimentos y otros bienes básicos.
Ante este escenario, la pesca francesa reclama una reacción política inmediata. El CNPMEM pide un dispositivo de urgencia que permita abaratar el carburante en surtidor, en particular mediante la reactivación de la TIRUERT, el mecanismo fiscal francés vinculado al uso de energías renovables en el transporte, y solicita además activar el instrumento de apoyo abierto por la Unión Europea durante la crisis derivada de la guerra de Ucrania, tomando el buque como unidad económica de referencia. También reclama congelar vencimientos de préstamos y garantizar que el sistema bancario acompañe al sector en esta fase crítica.
El precedente existe. Francia aprobó en 2024 una ayuda de 20 céntimos por litro para las compras de carburante profesional realizadas entre el 5 de diciembre de 2023 y el 30 de junio de 2024 por empresas pesqueras bajo pabellón francés. Aquella medida se justificó igualmente por el alza de los precios energéticos y muestra que el Estado ya dispone de antecedentes para intervenir cuando el combustible amenaza con paralizar la actividad. La diferencia ahora es que la nueva crisis llega en un contexto aún más inestable, con el sector insistiendo en que cada nuevo shock deja menos margen de resistencia.
Más allá de la urgencia coyuntural, la crisis vuelve a poner sobre la mesa una cuestión de fondo para la pesca europea: su elevada dependencia del gasóleo. El encarecimiento repentino del combustible demuestra que la competitividad de la flota sigue demasiado expuesta a factores geopolíticos que se deciden lejos de los puertos. La industria pide medidas inmediatas para sobrevivir a este nuevo golpe, pero el episodio también refuerza la idea de que la transición energética de la flota ya no es solo una ambición climática: se ha convertido en una necesidad económica y estratégica para garantizar la continuidad de la actividad.
El desvío de metaneros inicialmente previstos para terminales europeos, incluidos buques vinculados a intereses europeos,…
El Puerto de Bilbao ha acogido en sus aguas una solución modular de energía solar…
La revisión de la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina (MSFD, por sus siglas en…
El mercado europeo de productos del mar está entrando en una fase que ya se…
La agenda del 8M en la Región de Murcia ha dejado este año un mensaje…
La reunión de los días 5 y 6 de marzo termina sin pacto sobre el…