En los puertos del suroeste del Reino Unido, el pulpo ha pasado de ser un actor secundario a convertirse, de golpe, en protagonista. Donde antes aparecía de forma esporádica en nasas y artes dirigidas a crustáceos, ahora se presenta en concentraciones tan altas que la flota lo describe como un “bloom”: una explosión de abundancia. El fenómeno, centrado en 2024/25, es el punto de partida del informe “Octopus bloom – history, causes & consequences (Work Package 1)”, elaborado por el proyecto OctoPulse y publicado en enero de 2026.
El documento no solo pone nombre a lo que se ve en el mar y en las bodegas. También ordena hipótesis, compara con episodios históricos y cuantifica impactos económicos, operativos y ecológicos. Y, sobre todo, abre una pregunta que en España interesa especialmente: si el pulpo “sobra” en el Atlántico nororiental, ¿puede acabar influyendo en los precios de una especie estratégica para el consumo y la industria española?
La paradoja del episodio británico es que el aumento de pulpo trae ingresos, pero también conflictos. El informe recoge la percepción del sector: un 57,6% de las personas encuestadas describe un impacto negativo, frente a un 15,1% que lo considera positivo. La razón es simple: la abundancia se está produciendo, en gran parte, sobre artes y pesquerías que no estaban pensadas para él, con un efecto dominó en la cadena de trabajo.
Entre los impactos más citados figuran la depredación sobre crustáceos capturados en nasas, la pérdida de valor comercial de las capturas objetivo, el daño a los aparejos y el aumento del tiempo de manipulación a bordo. En el apartado económico, el propio informe aporta cifras ilustrativas: en el período enero–agosto de 2025 se registraron 1.087 toneladas desembarcadas por un valor superior a 6,7 millones de libras, y el documento apunta que el total del año podría situarse “tan alto” como 1.524 toneladas y 9,4 millones de libras. Es decir: alrededor de 6 libras por kilo de media, con una campaña que, aun así, deja a muchos profesionales con la sensación de estar “pagando” el pulpo con problemas en otras especies.
La dimensión del choque se entiende mejor con otra cifra del informe: las capturas/desembarques de cangrejo y vieira se redujeron aproximadamente un 50%, y las de bogavante en torno a un 30% durante el período analizado del “bloom”, en un contexto en el que parte del sector vincula ese retroceso —al menos parcialmente— a la presión del pulpo sobre recursos y artes.
OctoPulse recuerda que los “booms” de pulpo no son un invento moderno. El informe documenta al menos tres episodios históricos en la región: 1899–1900, 1932–33 y 1949–50, antes del actual (2024/25). En los casos pasados, el pulpo llegó a condicionar incluso decisiones de pesca, mercados y relatos locales: el patrón se repite cada cierto tiempo, pero con una diferencia clave hoy: el fondo ambiental sobre el que ocurre es un océano en calentamiento.
Esa idea es central en el informe: los picos de abundancia parecen encajar con periodos cálidos y con combinaciones concretas de vientos, corrientes y supervivencia larvaria. En otras palabras: el pulpo tiene una biología que responde rápido (ciclos de vida cortos, reclutamientos muy variables) y, cuando el “cóctel” ambiental se alinea, puede multiplicarse de forma abrupta.
Una de las aportaciones más sólidas del documento es el análisis térmico reciente. OctoPulse señala que el evento 2024/25 se produjo tras un verano de 2024 extremadamente cálido, con una ola de calor marina que, según el informe, fue casi continua desde 2024 y se extendió hasta junio de 2025. Además, se subraya que el área venía de tres veranos consecutivos (2022, 2023 y 2024) con anomalías positivas de temperatura.
¿Por qué importa tanto la temperatura? Porque el pulpo común (Octopus vulgaris) es especialmente sensible a ese factor en fases críticas: desarrollo embrionario, supervivencia larvaria y crecimiento juvenil. El informe recuerda que el rango de temperatura influye en la duración del desarrollo y en la supervivencia, y cita literatura científica que sitúa su temperatura “óptima” en torno a valores templados. Cuando el agua se mantiene por encima de lo habitual durante largos periodos, el sistema puede favorecer más supervivencia y mejores tasas de crecimiento, lo que se traduce en más individuos llegando a talla comercial.
El informe no se queda en el termómetro. Otra hipótesis relevante es la oceanográfica: cómo los patrones de circulación pueden actuar como autopistas que transportan larvas hacia zonas donde después aparecen juveniles y adultos en gran número. OctoPulse describe que, en años con fuertes picos de pulpo, puede haber un papel del transporte larvario y de la dirección e intensidad del viento, que influyen en el trayecto y la retención de las fases tempranas.
En esa lógica, un evento de “bloom” no requiere necesariamente que “nazcan” todos allí: basta con que el sistema climático-oceanográfico favorezca que las larvas lleguen, permanezcan y sobrevivan en mayor proporción que en temporadas normales.
El pulpo no es un pez más: es un depredador generalista, inteligente y oportunista. Si entra en una zona con abundancia de presas (crustáceos, bivalvos, peces pequeños) y además encuentra artes de pesca que le facilitan alimento concentrado, el impacto puede amplificarse. El informe recoge la preocupación del sector por la interacción con nasas: el pulpo puede entrar, alimentarse de la captura objetivo, dañar el producto y dejar pérdidas sin que el pescador llegue a ver el valor completo de lo que “capturó”.
A ese coste directo se suma el indirecto: más tiempo de clasificación, más descartes, más roturas y una reconfiguración de la estrategia diaria (dónde calar, cuánto tiempo dejar el arte, cómo evitar zonas “tomadas” por el pulpo). El informe, de hecho, plantea líneas de trabajo para adaptar la operativa y mejorar la predictibilidad, precisamente porque la incertidumbre es uno de los grandes enemigos económicos.
España no observa el pulpo como una curiosidad del Atlántico norte. Lo observa como mercancía sensible: una especie con gran presencia en lonjas, procesado y restauración, y con precios históricamente volátiles. El informe aporta un dato útil para dimensionar el tablero europeo: en la tabla de capturas de pulpo por países de la UE (2009–2017), España aparece como uno de los actores relevantes, con valores que oscilan aproximadamente entre 3,5 y 6,8 miles de toneladas según el año considerado. En ese mismo cuadro también destacan países como Portugal o Italia, lo que confirma que el pulpo ha sido, tradicionalmente, un negocio más “del sur” que del norte.
El propio informe subraya esta idea: la pesquería de pulpo se asocia sobre todo a Europa del sur y al norte de África, mientras que el episodio británico representa una anomalía por intensidad y por impacto social reciente.
La respuesta honesta es: podría influir, pero no de forma automática, y dependerá de si el fenómeno se consolida o queda como un pico. A partir de los datos y del marco del informe, se pueden dibujar tres escenarios didácticos:
1) Impacto limitado (pico corto y mercado local).
Si el “bloom” se reduce en uno o dos ciclos biológicos, el pulpo seguirá actuando como un “exceso” temporal que el Reino Unido gestiona sobre todo en su mercado y en exportaciones puntuales. En este caso, el efecto sobre España sería marginal: algo más de oferta en circuitos europeos, pero sin capacidad de cambiar precios estructurales.
2) Presión a la baja en Europa (bloom repetido y cadena comercial adaptada).
Si la abundancia se repite —y el sector británico se adapta, invierte en logística, orienta artes y construye canales estables—, el Reino Unido podría aportar cada año un volumen adicional que antes no existía. Aunque sus cifras (del orden de 1.000–1.500 toneladas en los ejemplos del informe) son menores que las de grandes países productores del sur, ese volumen sí puede ser suficiente para mover precios en momentos concretos (picos estacionales, faltas de oferta en origen, tensiones logísticas). En mercados sensibles, la elasticidad es alta: un extra de oferta en el momento adecuado puede bajar cotizaciones.
3) Efecto mixto: pulpo más barato, pero otros mariscos más caros.
El informe señala caídas fuertes en desembarques de especies como cangrejo, vieira o bogavante en paralelo al “boom” de pulpo. Si parte de esa reducción se consolida, Europa podría ver una situación curiosa: pulpo más disponible y, a la vez, marisco alternativo más escaso. Eso cambiaría menús, demanda y sustituciones: algunos compradores podrían pivotar hacia pulpo por precio, reforzando el movimiento.
En cualquier caso, hay un matiz crucial: el precio no depende solo del volumen. Depende de talla, calidad, costes de manipulación, capacidad de congelación, rutas comerciales, y de si el pulpo británico entra al mercado como producto “premium”, como producto de transformación o como salida de excedente.
OctoPulse no presenta el “bloom” como una anécdota, sino como un reto de gestión. Entre las líneas planteadas aparecen ideas que, bien leídas, son aplicables a cualquier país que dependa del pulpo:
La lectura final del informe es clara: el pulpo puede ser síntoma de un sistema que cambia (especialmente por temperatura), y la pregunta ya no es solo “qué está pasando”, sino cómo se gestiona para que el impacto no se traduzca en crisis para unas flotas y en volatilidad extrema para los mercados.
Para España, el interés no es morboso: es estratégico. Si el Atlántico norte empieza a producir pulpo con regularidad, el mapa comercial europeo puede moverse. Y aunque el volumen británico todavía no iguale a las grandes zonas productoras del sur, la experiencia de OctoPulse deja una lección que vale también aquí: en especies de ciclo corto y reclutamiento explosivo, la oferta puede cambiar más rápido que las reglas del mercado.
Por eso, el “bloom” británico merece seguimiento. No solo por lo que revela del océano, sino por lo que puede hacer en las lonjas: cuando el mar cambia de guion, los precios suelen ser los primeros en notarlo.
Si quieres, puedo preparar una pieza complementaria centrada solo en “qué indicadores vigilar desde España” (temperatura, corrientes, señales biológicas y comerciales) y cómo se traducen en escenarios de precio para lonja y transformación.
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