La cadena Sushi Zanmai vuelve a acaparar titulares en la primera subasta del año del mercado de Toyosu, donde los precios se disparan por tradición, prestigio y efecto publicitario.
En el lenguaje de las subastas, el verbo inglés fetches suele traducirse como “alcanza” o “se paga a”. Y este lunes, en el mercado mayorista de Toyosu, el término se quedó corto: un atún rojo (bluefin) de 243 kilogramos se adjudicó por 510,3 millones de yenes (unos 3,2 millones de dólares) en la primera subasta del año, un récord histórico para este ritual gastronómico japonés.
El comprador fue Kiyomura Corp., matriz de la popular cadena Sushi Zanmai, encabezada por Kiyoshi Kimura, un rostro habitual en estas pujas de Año Nuevo y conocido en Japón como el “Tuna King” por su tendencia a ofertar fuerte cuando el foco mediático está en su punto más alto.
El ejemplar premiado —procedente de Oma (prefectura de Aomori, norte de Japón), una zona célebre por su atún— se pagó a razón de alrededor de 2,1 millones de yenes por kilo, una cifra muy por encima de las transacciones habituales del día a día. La ceremonia, que se celebra de madrugada y congrega cámaras y curiosos, forma parte del calendario simbólico del país: el “primer atún” se considera un augurio de buena fortuna y, para las empresas ganadoras, un escaparate publicitario de primer nivel.
Según relatan agencias internacionales, el propio Kimura reconoció sorpresa por el importe final tras una puja que se aceleró en cuestión de segundos, un patrón típico en una subasta que se vive más como evento que como mero trámite comercial.
El nuevo récord supera el tope anterior, también protagonizado por Kimura en 2019, cuando en Toyosu se pagaron 333,6 millones de yenes por el primer gran atún del año. Aquella cifra ya era un símbolo de hasta dónde puede llegar el componente mediático de la cita; la de 2026 lo eleva a otra dimensión.
La comparación con el año pasado ayuda a entender el salto. En 2025, el primer atún se adjudicó por 207 millones de yenes y fue adquirido por el Onodera Group, otro gran actor del negocio del sushi en Japón. Incluso aquel precio —ya considerado extraordinario— queda ahora muy por debajo del nuevo listón.
Tras la puja, el atún récord fue trasladado para su preparación y distribución en la red de restaurantes del grupo, donde este tipo de compras suelen convertirse en una campaña en sí misma: el producto se sirve a clientes con el reclamo de haber sido “el atún del año”, reforzando marca y notoriedad.
En paralelo, la escena vuelve a poner sobre la mesa el debate recurrente: la tensión entre tradición y negocio, y el trasfondo de sostenibilidad de una especie que ha estado bajo presión pesquera durante décadas (aunque con señales de recuperación asociadas a medidas de gestión)
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