Del lineal tradicional a recorridos más fluidos en el supermercado: formatos ligeros, exposición vertical y cross-merchandising devuelven visibilidad a una categoría histórica.

En el supermercado actual, el éxito de un alimento ya no depende solo de la calidad. Cada vez cuenta más su capacidad para “funcionar” dentro del punto de venta: cuánto tarda el consumidor en reconocerlo, lo fácil que es elegirlo y cómo encaja en una compra más rápida, fragmentada y guiada por la practicidad. En este contexto, el mercado de las conservas de pescado atraviesa una etapa de replanteamiento profundo: una categoría sólida y tradicional que, precisamente por estar tan asentada, corre el riesgo de volverse invisible en el lineal.

La gran distribución está revisando los diseños de tienda y diluyendo fronteras entre secciones para crear recorridos más dinámicos. La compra ya no se organiza únicamente en torno a la despensa, sino también alrededor de nuevas ocasiones de consumo: comida rápida, pausa de mediodía, consumo fuera de casa o soluciones prácticas para el día a día. Ese cambio obliga a las conservas a repensar su papel: ya no basta con “ir a por atún”, ahora hay que lograr que el producto se encuentre en el momento adecuado y en el lugar coherente.

Una categoría que busca volver a ser visible

Durante años, las conservas han vivido bajo dinámicas expositivas muy estables. Esa estabilidad, sin embargo, también puede convertirse en un límite: lineales predecibles, decisiones de compra rutinarias y menor capacidad para captar la atención frente a categorías que se han modernizado en formatos y presentación. En ese escenario, la clave pasa por recuperar visibilidad y legibilidad sin perder identidad, y ahí entran en juego nuevos envases y nuevas estrategias de colocación.

Es la lectura que plantea Unifrigo Gadus, que parte de una premisa clara: hoy un producto no puede diseñarse como un elemento aislado. Debe nacer pensando ya en el espacio donde se venderá y en cómo el consumidor lo cruzará en su recorrido.

El atún en bolsa como herramienta para la gran distribución

El atún en bolsa desarrollado por Unifrigo Gadus se enmarca en esa lógica. No se presenta como una simple alternativa a la lata tradicional, sino como un formato capaz de aportar flexibilidad al supermercado y una relación más inmediata al comprador.

La bolsa ofrece ventajas operativas y comerciales: su ligereza, la posibilidad de exposición vertical y su manejo más cómodo permiten colocar el producto fuera del “reparto fijo” de conservas, explorando nuevas zonas del establecimiento. Para la distribución, esto abre la puerta a estrategias de cross-merchandising, vinculándolo con momentos de consumo concretos: soluciones rápidas, ensaladas, productos para llevar o zonas pensadas para la compra de conveniencia.

En términos prácticos, el objetivo es reducir la fricción: que el consumidor no tenga que “buscar”, sino que se lo encuentre.

Práctico, inmediato y alineado con hábitos reales

Desde el punto de vista del cliente, la propuesta se apoya en un cambio cultural: la practicidad pesa tanto como el producto en sí. En un entorno donde el tiempo disponible es menor y las decisiones se toman con rapidez, triunfan los formatos que simplifican: fáciles de identificar, de manipular y de integrar en una comida rápida o una rutina diaria.

Si el envase logra responder a necesidades concretas —simplicidad, rapidez de elección, uso intuitivo—, la categoría gana nuevas oportunidades más allá del almacenamiento doméstico. Ese es el terreno en el que Unifrigo Gadus sitúa su estrategia: unir producto, punto de venta y comportamiento del consumidor.

El supermercado como parte del valor del producto

El enfoque subraya una idea: la gran distribución no es solo un canal, sino un espacio estratégico donde el valor también se construye mediante ubicación y claridad. Innovar, por tanto, no es únicamente mejorar el contenido, sino adaptar el formato a un supermercado que cambia y a un consumidor que ya no recorre el lineal de la misma manera.

La apuesta por formatos como el atún en bolsa refleja esa transformación. Mantener la esencia de las conservas —su utilidad, su tradición y su papel en la alimentación cotidiana—, pero con un lenguaje y una presencia acordes a la tienda contemporánea. Una forma de devolver centralidad a una categoría histórica sin traicionarla, haciéndola más visible, más flexible y más cercana a cómo compramos hoy.

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