El anuncio no se hizo en Bruselas, sino en Nueva Delhi: la Comisión Europea y el Consejo Europeo comunicaron que la UE e India han concluido las negociaciones de un Acuerdo de Libre Comercio tras la cumbre del 27 de enero de 2026, un pacto llamado a tener impacto sistémico en flujos comerciales. António Costa lo presentó como un paso “histórico” para abrir un nuevo capítulo de relación económica y estratégica.
En pesca y productos del mar, la clave no está solo en “vender más”, sino en cómo se mueve el precio de referencia. Según detalles adelantados por Reuters, el acuerdo contempla recortes a cero en exportaciones indias “clave” hacia la UE, incluyendo productos marinos, hoy sujetos en algunos casos a aranceles “de hasta el 26%”. Eso, de materializarse en los calendarios definitivos, abarata de golpe el producto importado y empuja a la baja (o frena subidas) en los mercados mayoristas comunitarios.
La repercusión potencial es europea porque India ya pesa en la cesta de importación: EUMOFA cifró en 164.000 toneladas y 851 millones de euros las importaciones comunitarias procedentes de India en 2024, con una mezcla muy significativa de camarón/gamba y cefalópodos (calamar, sepia y pulpo). En otras palabras: no hablamos de un proveedor marginal, sino de un origen capaz de mover el “precio pantalla” en categorías concretas.
El mecanismo de transmisión al precio es directo. Si el arancel cae, el importador tiene margen para ofrecer más barato sin perder margen —o para mantener precio y capturar rentabilidad—. En el caso del camarón, medios especializados del sector han subrayado que el gravamen actual de entrada a la UE puede rondar el 12% para determinadas partidas, por lo que el incentivo comercial es evidente. El efecto no será uniforme: dependerá de contratos, del grado de competencia entre importadores y de si el ahorro se traslada al canal Horeca y a la distribución.
El punto más sensible puede estar en los cefalópodos, porque llegan con tensión previa. Las lecturas de EUMOFA sobre primeras ventas en la UE venían mostrando, en 2025, un patrón de volúmenes más ajustados y valores al alza en varias especies, una señal típica de mercado “apretado”. Si entra más producto indio con mejores condiciones arancelarias, el resultado puede ser doble: alivio de precios para restauración y retail (mejorando el acceso al producto) pero también presión competitiva sobre flotas y lonjas europeas, especialmente en el Mediterráneo y el Atlántico sur europeo, donde el fresco y el congelado compiten por el mismo consumidor.
Aquí aparece el debate del “shock”: asociaciones como Confcooperative Fedagripesca han proyectado que una liberalización progresiva podría elevar importaciones desde India entre un 20% y un 30%, hasta superar los 220 millones de euros anuales (estimación asociativa, no cifra oficial). Aunque el aviso nace en Italia, la lógica es comunitaria: si se abaratan calamar, sepia y crustáceos en el mercado único, el ajuste de precios no se queda en un país.
Ahora bien, hay un freno que también es europeo: las nuevas exigencias de control y trazabilidad. Desde el 10 de enero de 2026 está en vigor la certificación digital de capturas para productos pesqueros que entren en la UE (sistema CATCH), diseñada para reforzar el combate contra la pesca INDNR. En el arranque ya se están reportando fricciones operativas en frontera, lo que puede añadir costes y demoras que amortigüen parte del efecto “arancel cero”, al menos durante la curva de aprendizaje.
Qué mirar desde una óptica europea (y de precios), más allá del titular:
En síntesis: el acuerdo UE-India es geopolítica y macroeconomía, sí, pero en pescado puede convertirse en algo mucho más tangible: un reajuste de precios de referencia en los productos más import-dependientes de Europa. Beneficia a quien compra y transforma; inquieta a quien captura y vende en origen. Y en el medio, el nuevo control digital decidirá si la apertura se convierte en competitividad ordenada… o en una guerra de precios.
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