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Davos 2026 se reafirma que el futuro del sistema alimentario pasa por el mar

Entre la geopolítica crispada y la economía en modo “resiliencia”, la gran conclusión que dejó el foro es que la comida ya se mide en seguridad… y los productos del mar ganan peso con una condición: trazabilidad y reglas iguales para todos

En Davos, el gran termómetro anual del World Economic Forum cerró su edición 2026 con una imagen doble: ruido arriba —tensiones comerciales, incertidumbre estratégica, fragmentación— y un mensaje de fondo que se coló en muchos debates sin necesidad de titulares estridentes: el sistema alimentario ha dejado de ser solo “mercado” para convertirse en “infraestructura crítica”.

En esa lectura encaja el análisis trasladado por la Fundación Europea para la Innovación y la Tecnología INTEC: gobiernos, reguladores e inversores están revalorizando la alimentación por su capacidad de garantizar suministro y estabilidad a largo plazo, no solo por precio o volumen. Y, dentro de ese giro, los productos del mar se colocan en el centro del tablero por su papel como proteína clave y por su conexión directa con la “economía azul” que Davos decidió subrayar este año.

El propio Foro empujó esa agenda con “Blue Davos” y la idea de 2026 como “Year of Water”: más foco en el ciclo del agua, los océanos y su vínculo con prosperidad, clima y seguridad. No fue un guiño estético; fue una señal política y económica: sin gestión del agua y del mar, no hay resiliencia alimentaria creíble.

En paralelo, varias sesiones pusieron nombre a lo que muchos actores del sector llevan años advirtiendo: cuando la comida se convierte en seguridad, la cadena ya no puede permitirse opacidad. En el programa oficial, ese enfoque se tradujo en conversaciones sobre estabilidad, riesgos climáticos y volatilidad logística como factores que pueden tensionar precios, abastecimiento y cohesión social.

Ahí es donde el mar gana protagonismo: el Foro viene insistiendo en que la producción de “blue foods” (pesca, acuicultura, algas, etc.) puede ser un vector de crecimiento y de soberanía alimentaria —especialmente si se combina innovación, inversión y gobernanza—. Pero la tesis tiene una condición: el valor del producto del mar se consolida solo si la cadena “mar-industria” funciona con coherencia y credibilidad, desde el origen hasta el consumidor.

La palabra clave, por tanto, no es “producir más”, sino “producir mejor” y documentar mejor. Y ahí Davos conectó con una tendencia regulatoria que ya está aterrizando en los mercados: la digitalización del cumplimiento como nueva columna vertebral del comercio alimentario. En la Unión Europea, por ejemplo, 2026 arrancó con la entrada en vigor del certificado de captura digital para importaciones a través del sistema CATCH, precisamente para reforzar el cerco a la pesca INDNR (IUU) y mejorar la trazabilidad.

La Comisión Europea sitúa ese salto digital como parte de una modernización más amplia del control pesquero. Y, además, el calendario de trazabilidad “de lote” se vuelve más exigente: requisitos digitales desde enero de 2026 para productos frescos y congelados, con extensión a preparados y conservas en 2029, según documentación técnica difundida en el marco de la reforma.

En ese punto aparece la otra gran idea que deja Davos para el sector: el “efecto espejo” y el level playing field ya no pueden quedarse en discurso. Si la trazabilidad y el cumplimiento son la base de la confianza, las mismas obligaciones y controles deben aplicarse al producto europeo y al importado; de lo contrario, la sostenibilidad se convierte en desventaja competitiva. Esa tensión —cómo proteger estándares sin romper el mercado— está en el radar de análisis institucionales recientes del Parlamento Europeo y de coaliciones que vigilan la aplicación de normas contra la pesca ilegal.

En la parte operativa, Davos también deja una lectura para empresas: la digitalización del cumplimiento empieza a ser “infraestructura”, no “papel”. En ese terreno se mueven plataformas que buscan convertir la obligación documental en ventaja de gestión —interoperabilidad, auditoría, verificación—, como TRACKLINE, citada por INTEC y desarrollada por Code Contract.

El balance final, en suma, no es una consigna grandilocuente sino una hoja de ruta: si el mundo entra en una etapa de más competencia geopolítica y más volatilidad, el sistema alimentario se mide por su capacidad de resistir. Y ahí el mar tiene un papel protagonista… siempre que haya trazabilidad real, reglas justas y un consumidor con información fiable para elegir con responsabilidad.

europaazul

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