La Comisión de Pesca del Parlamento Europeo (PECH) abordará este 25 de febrero de 2026 un paquete de asuntos que van mucho más allá del calendario parlamentario: competitividad, control y trazabilidad, diplomacia oceánica y el encaje presupuestario del próximo marco financiero 2028-2034. En el trasfondo, un dato que condiciona toda la cadena mar-industria: las importaciones cubren “más del 80%” del consumo de productos de la pesca y la acuicultura en la UE, según un estudio encargado por la propia comisión.
El estudio presentado a los eurodiputados concluye que la dependencia exterior no es coyuntural, sino estructural. La UE mantiene un grado de autosuficiencia que se ha reducido en la última década y que, además, es “engañoso” si se observan los flujos reales: parte de las capturas pelágicas europeas se exportan, mientras se importan especies y formatos de alto consumo. Si se excluyen las exportaciones, la producción interna cubriría apenas un 14,2% del consumo total, lo que equivale a que las importaciones aporten más del 80% de lo que se come en Europa.
En términos de mercado, el documento sitúa el origen del problema en una combinación persistente: costes de insumos elevados, productividad inferior y una presión regulatoria que, sin apoyos industriales equivalentes, puede ensanchar la brecha con terceros países.
La agenda de PECH incluye un seguimiento de la aplicación del sistema europeo de control. Aquí la discusión se desplaza del “qué dice la norma” al “qué significa en el muelle”: digitalización, trazabilidad, interoperabilidad y carga administrativa.
La Comisión Europea adoptó en noviembre de 2025 normas detalladas para armonizar y simplificar procedimientos de control y ejecución en toda la UE, con el objetivo de reducir burocracia y mejorar la eficacia del sistema. La clave política será el equilibrio: más control y trazabilidad, sí, pero sin convertir el cumplimiento en un sobrecoste que erosione aún más la competitividad frente a producto importado que entra con estándares y estructuras de coste diferentes.
Otro bloque del debate aborda la diplomacia oceánica y los instrumentos de relación exterior (incluidos acuerdos pesqueros y cooperación con OROP). El Parlamento debatirá “el papel de la diplomacia oceánica para la competitividad de la pesca y la acuicultura de la UE”, señal de que Bruselas asume que el abastecimiento y la influencia regulatoria se juegan también fuera de las aguas comunitarias.
En la práctica, esta dimensión externa determina acceso a recursos, estabilidad de suministro y condiciones de competencia para flotas e industria, en un mercado donde la importación no es excepción, sino norma.
Para España —potencia en transformación, distribución y consumo— el debate tiene implicaciones directas:
El mensaje que deja el dossier que llega a PECH es claro: las reglas por sí solas no corrigen una brecha estructural. Si Europa quiere sostener un modelo de pesca y acuicultura con altos estándares ambientales y sociales, necesita que esa exigencia se traduzca en competitividad real, ya sea mediante apoyo a la modernización, mejora de productividad, innovación y condiciones de competencia más equilibradas para el producto que entra al mercado comunitario.
El debate del 25 de febrero no decidirá por sí solo el rumbo, pero sí pone sobre la mesa el eje que marcará el semestre: cómo combinar sostenibilidad, control y seguridad de abastecimiento sin reforzar, por efecto secundario, la dependencia del exterior
La conselleira do Mar, Marta Villaverde, ha instado al Gobierno central a promover un frente…
El 64,5 % de las poblaciones marinas se mantiene en niveles biológicamente sostenibles, pero la…
La Administración Sueca de Material de Defensa encarga una flota de unidades de 47 metros,…
Un reciente estudio académico publicado en Maritime Studies analiza 55 casos documentados de pescadores indonesios…
El centro tecnológico vasco incorpora nuevo talento en sus sedes de Derio, Sukarrieta y Pasaia…
El “tren de borrascas” de este arranque de 2026 está dejando un patrón repetido en…