El director general de Pesca, Antoni M. Grau, coordina con equipos de Cataluña y Baleares nuevas líneas de trabajo para mejorar el seguimiento del medio marino y la gestión basada en datos
La cooperación científica vuelve a situarse en el centro de la gestión marina en el Mediterráneo occidental. Hoy, el director general de Pesca del Govern de les Illes Balears, Antoni M. Grau, ha participado en una reunión con personal de ICATMAR e IMEDEA (CSIC-UIB) para coordinar proyectos y reforzar la colaboración científica en el medio marino, en el marco del programa REMAR, vinculado al Plan de Conservación Marina del Govern.
La reunión llega en un momento en el que las Illes Balears están desplegando un marco estratégico que busca compatibilizar conservación y actividad pesquera, con una gobernanza apoyada en la cogestión y en la evidencia científica como base para la toma de decisiones.
El programa REMAR/REMAR2 se ha planteado como una pieza técnica para dar solidez a esa ambición política: mejorar el conocimiento de los recursos y del impacto de la actividad, con un sistema de monitorización integral que analiza esfuerzo pesquero, composición y tamaño de las capturas y, en pesca profesional, también rendimientos económicos, con el fin de obtener una imagen más precisa del estado de los recursos y de las tendencias que condicionan su viabilidad.
En un escenario donde la normativa europea y el mercado exigen información “cada vez más detallada y verificable”, la apuesta balear por herramientas de seguimiento se entiende como una inversión en gestión: medir mejor para gestionar mejor, y hacerlo con capacidad de respuesta ante cambios ambientales, presión pesquera o nuevos requisitos de trazabilidad.
La presencia de ICATMAR en esta coordinación abre una vía de intercambio particularmente relevante para el Mediterráneo. El Institut Català de Recerca per a la Governança del Mar es un órgano de cooperación entre la Generalitat de Catalunya y el CSIC que desarrolla un programa de seguimiento de la pesca comercial y recreativa a lo largo del litoral catalán y, desde 2023, un componente de observación, análisis y predicción de las condiciones físicas del mar (oceanografía operacional).
En la práctica, esto permite compartir metodologías, estructuras de datos y enfoques que faciliten la comparabilidad regional: un paso clave cuando las pesquerías y los ecosistemas no entienden de límites administrativos y la gobernanza necesita indicadores consistentes.
La pata balear de esta cooperación se apoya en el IMEDEA, centro mixto CSIC-UIB especializado en investigación sobre sistemas marinos, costeros e insulares y su respuesta a las presiones humanas y al cambio global.
Su participación refuerza el objetivo de conectar la gestión cotidiana —planes, reservas, medidas de conservación— con la ciencia aplicada y la monitorización de largo plazo.
Más allá de la foto institucional, la lectura de fondo es clara: la conservación marina ya no se sostiene solo con declaraciones de intenciones, sino con infraestructura científica, cooperación interregional y herramientas operativas. En el caso balear, el Plan de Conservación Marina se ha presentado como una hoja de ruta para revertir pérdida de biodiversidad y asegurar sostenibilidad ecológica, social y económica del mar, y la agenda científica aparece como condición necesaria para hacerlo viable.
Claves del encuentro
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