Boyas, redes y anclas vuelven a ocupar patios y muelles en Conil, Zahara, Tarifa y Barbate. La campaña 2026 se prepara con la expectativa de un reparto nacional más holgado tras el incremento del 17% acordado en ICCAT, mientras el sector mira ya a 2027, cuando podría regresar la histórica almadraba de Sancti Petri (Chiclana).
Febrero es el mes de los preparativos. En las almadrabas gaditanas, el arranque real de la temporada no llega con la primera levantá, sino con esos trabajos previos —calamento/calazón— en los que se revisa, repara y ordena todo lo que después se trasladará al mar: boyas, paños de red, cabos, anclas y herrajes. Es una logística artesanal e industrial a la vez, que moviliza cuadrillas especializadas y marca el ritmo de la costa incluso antes de que asomen los primeros atunes.
Si el calendario acompaña, el objetivo es llegar a abril con el arte listo para que, entre abril y junio, se desarrollen las tradicionales levantás, el momento más emblemático —y mediático— de la campaña.
La temporada llega este año con un factor de fondo que cambia el tono: el incremento internacional de cuota. En noviembre, la reunión anual de ICCAT (celebrada en Sevilla) cerró un acuerdo para elevar el TAC del atún rojo a 48.403 toneladas anuales durante 2026-2028. La Comisión Europea ha cuantificado el efecto para la UE en +3.661 t, alcanzando 25.164 t/año, lo que equivale a un +17%.
En Cádiz, donde la almadraba es economía, empleo, cultura y turismo, la noticia se traduce en una expectativa clara: más margen de reparto. En el reparto conocido del último ciclo, las cuatro almadrabas activas suman 1.642,45 t, con el siguiente mapa: Barbate (454 t), Zahara (426 t), Conil (413 t) y Tarifa (349,45 t).
Aquí aparece la letra pequeña. La Resolución de campaña de atún rojo 2026 publicada en el BOE (14 de enero, BOE del 17 de enero de 2026) señala que el incremento previsto por ICCAT se incorporará al derecho de la UE cuando se publique el reglamento europeo correspondiente, y que por tanto no puede darse por “repartido automáticamente” en España. En otras palabras: el aumento existe, pero su traslado al reparto interno exige encaje normativo y decisiones de gestión.
Este matiz es especialmente relevante para un sector estacional como la almadraba: el negocio se juega en pocas semanas, y la certidumbre administrativa es casi tan importante como la meteorología.
Más allá de 2026, el horizonte que más ilusión (y debate) despierta en la Bahía es el posible retorno de la almadraba de Sancti Petri, vinculada históricamente a Chiclana. El Ayuntamiento ha informado de un Real Decreto en tramitación —con previsión de publicarse en abril o mayo de 2026— que permitiría materializar la vuelta, aunque no llegaría a tiempo para calar en 2026 y se proyecta para la campaña de 2027.
La reapertura no es solo una cuestión de cupos: implica infraestructura, personal, logística, autorizaciones y cadena comercial, y el propio calendario obliga a planificar con antelación. Por eso 2026 se perfila como el “año puente” en el que Cádiz operará con cuatro almadrabas… pero con la mirada puesta en una quinta.
La almadraba es tradicional, sí, pero opera bajo un sistema de control especialmente exigente: verificación de capturas, pesos, documentación y trazabilidad. Y ahí el sector tiene memoria reciente. En 2025, la huelga de inspectores de pesca tensionó el inicio de campaña y obligó a retrasos y cancelaciones puntuales de levantás ante la ausencia de supervisión, según recogieron medios nacionales y locales.
La normalidad operativa no depende solo del mar: también de que los engranajes administrativos y de control funcionen con la rapidez que exige una pesquería que se decide “día a día”.
Con el material alineado, los equipos listos y la costa mirando al Estrecho, las almadrabas inician un nuevo ciclo que sirve de termómetro para muchas cosas a la vez: salud del stock, gobernanza internacional (ICCAT), reparto interno, control, empleo local y marca gastronómica. Cádiz se prepara para volver a vivir su temporada grande… con más cuota sobre la mesa y una pregunta de fondo: cómo se repartirá y quién entrará en escena cuando Sancti Petri vuelva a calarse.
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