Puertos

Agirregoitia sitúa al Puerto de Bilbao en el mapa de la nueva energía europea

La eurodiputada del PNV visita la Autoridad Portuaria y subraya electrificación de muelles, hidrógeno y ferrocarril

El Puerto de Bilbao quiere que la transición energética deje de ser un eslogan y se convierta en infraestructura. Ese fue el hilo conductor de la visita de la eurodiputada Oihane Agirregoitia (EAJ-PNV) a las instalaciones portuarias, acompañada por el presidente de la Autoridad Portuaria, Iván Jiménez, en un encuentro centrado en los planes de futuro del enclave y en su papel estratégico para Euskadi.

La tesis compartida durante el recorrido fue nítida: si el puerto es la puerta de entrada y salida de materias primas, energía y mercancías, su descarbonización marcará el ritmo de la economía vasca. No solo por el impacto directo en la huella ambiental del tráfico marítimo y la actividad logística, sino porque el puerto aspira a convertirse en pieza útil para que la industria vasca gane competitividad en un contexto europeo de transición energética acelerada.

Jiménez expuso una hoja de ruta que mezcla inversiones tangibles con decisiones de modelo. En el centro del plan aparece la electrificación de los muelles para reducir emisiones cuando los buques están atracados; el impulso a proyectos vinculados al hidrógeno verde y a renovables como la fotovoltaica o la eólica; el refuerzo de la capacidad de almacenamiento; y un paquete de modernización donde la digitalización y la conectividad ferroviaria se convierten en palancas de eficiencia.

Agirregoitia situó esa agenda en clave europea y lo resumió en una frase pensada para Bruselas y para los muelles: la energía será un elemento “crucial” para garantizar la competitividad de “uno de los puertos más industriales que existen en Europa”. En su lectura, la transición no es un coste inevitable, sino una carrera en la que quien se adelante retendrá tráficos y atraerá inversión.

La clave inmediata: enchufar el puerto

El primer gran salto visible es la electrificación de muelles, conocida en el sector como OPS (Onshore Power Supply). La idea es simple y ambiciosa: que los barcos, mientras permanecen atracados, puedan conectarse a la red eléctrica y apagar los motores auxiliares. En el plano operativo, se traduce en menos ruido, menos consumo de combustible y una bajada relevante de emisiones en el entorno portuario.

En Bilbao, esa estrategia toma forma bajo el proyecto BilbOPS, concebido como una inversión para electrificar muelles y avanzar en la descarbonización del enclave. Y, como ocurre cada vez más con las infraestructuras portuarias europeas, el despliegue se apoya en financiación comunitaria, con referencias a programas como Next Generation EU y el Mecanismo Conectar Europa (CEF).

La transición, además, no se limita a enchufes: el puerto quiere producir parte de la energía que va a demandar. En esa línea, se han planteado actuaciones vinculadas a renovables —como instalaciones fotovoltaicas— para reforzar el suministro y la autonomía energética del recinto portuario.

Hidrógeno, renovables y horizonte 2030

El segundo vector del discurso —y del plan— es el hidrógeno renovable. En la visita se subrayó el papel del Puerto de Bilbao como plataforma para atraer proyectos de hidrógeno y como punto de apoyo para la descarbonización de la industria vasca, en un horizonte que mira a 2030. La lógica es doble: facilitar nueva energía para la actividad portuaria y ofrecer condiciones para que empresas del entorno puedan avanzar en su propia transición.

El debate enlaza con movimientos industriales que ya se vienen apuntando en el eje Bilbao–Muskiz, donde el hidrógeno aparece como una de las apuestas para reducir emisiones en procesos difíciles de electrificar. Para el puerto, posicionarse en esa cadena de valor significa ser nodo logístico y energético a la vez.

Ferrocarril y digitalización: competir en el arco atlántico

La energía no es el único tablero. La Autoridad Portuaria defiende que la competitividad se decide también en la conectividad ferroviaria, la capacidad logística y la digitalización. En el arco atlántico, donde varios puertos compiten por tráficos industriales, la eficiencia en los accesos y en la intermodalidad pesa tanto como los precios o las tasas.

Aquí la transición tiene dos caras: reducir emisiones (también en la cadena terrestre) y, al mismo tiempo, ganar tiempos y fiabilidad operativa. Un puerto electrificado, con más ferrocarril y procesos digitalizados, es un puerto que aspira a ser más rápido y, por tanto, más atractivo para la industria.

Bruselas prepara el nuevo marco

La visita llega con el calendario europeo acelerando. Agirregoitia será ponente en el Parlamento Europeo del nuevo mecanismo de financiación de infraestructuras para el periodo 2028-2034, un debate que se cruzará con la negociación del próximo presupuesto comunitario. En paralelo, a mediados de febrero se prevé que la Comisión presente una Estrategia Europea de Puertos y una Estrategia Industrial Marítima, dos marcos que pueden marcar prioridades, requisitos y líneas de apoyo.

Para Bilbao, esa agenda importa porque define qué proyectos serán “elegibles” y con qué intensidad se financiarán. En otras palabras: determina si la transición avanza como plan real o se queda en promesa.

Un puerto que quiere ser nodo energético

En el muelle, la descarbonización aterriza en preguntas muy concretas: ¿habrá potencia eléctrica suficiente para enchufar barcos y terminales sin cuellos de botella? ¿Habrá renovables, almacenamiento y redes para que el cambio no encarezca operar? ¿Podrá el ferrocarril absorber más cuota y reducir tráfico pesado por carretera?

Agirregoitia plantea que de esas respuestas depende una parte de la economía real: más competitividad o pérdida de tráficos frente a puertos que se adelanten en la carrera energética. Por eso, la visita tiene doble lectura. Es institucional, porque refuerza el relato de puerto estratégico para Euskadi. Y es operativa, porque pone el foco en inversiones muy concretas: electrificación, renovables, hidrógeno, ferrocarril y digitalización.

En un momento en el que la transición ya no se mide por discursos sino por kilovatios instalados y trenes que entran, el Puerto de Bilbao juega su partida con una premisa clara: ser puerto industrial y ser puerto verde no puede ser una contradicción, sino la misma estrategia

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