La recuperación de las praderas de Posidonia oceanica —uno de los grandes sumideros de carbono del Mediterráneo y vivero natural de especies de interés pesquero— ha dado un paso relevante con la presentación de resultados de #AcciónPosidonia, un proyecto del Programa Pleamar (Fundación Biodiversidad) coordinado por Fundación Ecomar dentro de la iniciativa “Cuidamos el Mar”.
La singularidad de Acción Posidonia está en su “mezcla” de perfiles: ciencia, sector pesquero y ciudadanía organizada. En el núcleo del consorcio figuran la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP), el soporte científico de CSIC-IMEDEA y el “músculo” de campo de FEDAS/CMAS a través de su red de buceo y voluntariado.
Según la información del propio proyecto, la hoja de ruta combina dos vías complementarias. Por un lado, avanzar y evaluar técnicas de recolección, cultivo y replantación de posidonia con procedimientos replicables y apoyados en formación; por otro, una componente de I+D en micropropagación in vitro para obtener material de trasplante sin presionar poblaciones naturales.
La intervención se ha articulado en cuatro zonas de actuación distribuidas por el Mediterráneo español —Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares y Región de Murcia—, seleccionadas como espacios de recuperación potencial y vinculadas a áreas protegidas/Red Natura 2000 en la arquitectura del proyecto.
El planteamiento, además, fija metas operativas concretas: formar a personal y voluntariado, recoger decenas de miles de semillas/plántulas o fragmentos y desplegar replantación experimental hasta un equivalente de tres hectáreas en el conjunto de áreas piloto (con variaciones de cifra en materiales públicos del proyecto).
Más allá del número, el salto cualitativo que se puso sobre la mesa en la presentación de resultados es el modelo de colaboración: cofradías y pescadores aportan conocimiento del fondo, de las dinámicas costeras y del uso real del mar; el buceo federado suma capacidad de trabajo subacuático, seguridad y logística; y el equipo científico valida procedimientos y seguimiento ecológico. La idea es convertir una restauración que suele ser “de laboratorio” en una restauración escalable y socialmente anclada.
En paralelo, el proyecto se apoya en la sensibilización para reducir presiones conocidas sobre las praderas (fondeos, turbidez, obras, impactos acumulados) y para reforzar un mensaje que conecta con la economía real del litoral: sin posidonia hay menos refugio y alevinaje, más erosión y una costa más vulnerable.
Algunas actuaciones asociadas a Acción Posidonia ya han tenido visibilidad pública, como experiencias de replantación en la costa de Cartagena, presentadas como ejemplo de cooperación público-privada alrededor de la restauración de praderas marinas.
Con la presentación de resultados, Acción Posidonia entra ahora en una fase clave: convertir aprendizajes (qué técnicas funcionan mejor, en qué condiciones, con qué costes y qué supervivencia) en protocolos estandarizables y transferibles a otras áreas mediterráneas. El reto, coinciden los socios, es pasar del “proyecto piloto” al programa continuado, porque la posidonia no se recupera a ritmo administrativo: se recupera a ritmo de ecosistema.
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