Europa

La obligación del desembarque, menos clara, menos consenso, menos todo

 

No obstante, se perciben algunas pegas. Así  Juan Martín, gerente de la Organización de Productores de Marín,  apuntó que “los mínimis son muy inferiores a los que se necesitan, sobre todo en pesquerías mixtas de fondo, y abogó por permitir establecimientos de mínimis combinados, especialmente en esas artes de fondo y en pesquerías pelágicas”. A ello sumó  Rafael Centenera las elevadas exigencias del STECF, al menos con las especies que afectan a España, y solo recuerda un único caso en el que la Comisión desoyese a ese comité y aprobase la excepción propuesta: un 5 % para el caso del bonito del norte.

 Martín planteó la necesidad de seguir progresando en la gestión individualizada de cuotas, facilitar los intercambios de especies de tú a tú con armadores de otros Estados miembros sin trabas de la Administración, facilitar los estudios para definir especies de alta supervivencia e, incluso, introducir cambios en las tallas mínimas para especies que se capturan a pesar de haber aumentado la selectividad, porque si al principio del proceso el sector ironizaba con que la red no tenía ojos para esquivar las especies que no interesan ahora «se los están poniendo».

Los Tops Up 

 El director de Desarrollo de Políticas y Cooperación, el gallego Ernesto Penas, criticó que los denominados tops-up -la cantidad adicional que se añade al TAC para cubrir los descartes- se están usando para aumentar la mortalidad por pesca, con lo que aleja el horizonte de alcanzar el RMS, que tiene como fecha límite el 2020. Además, en un sistema de estabilidad relativa, se da más top-up al país que más cupo tiene y no se resuelve el problema del que tiene cuota cero. Claro que la cosa cambiaría si esos tops-up se empleasen solo para cubrir los descartes y no a la pesca dirigida, como plantea la Administración española. Porque ¿qué va a hacer una flota palangrera selectiva que apenas tiene descartes con la cantidad adicional de merluza más que pescarla?

Igualmente Penas planteó la posibilidad de incentivar a través de un sistema de bonus la instalación de cámaras a bordo para monitorizar los descartes. Si los intercambios de cuota se utilizan poco, la flexibilidad interespecies -esa que permite desembarcar aquellas de las que no se tienen cuota si se descuentan de otras que sí-, no se emplea nada. El mismo Pena es consciente de que cuesta trabajo perder kilos de merluza o de rapante para desembarcar bacalao, pero «hay que explorar todas las posibilidades». Y la Comisión no va a mostrar «simpatía con quien no haya utilizado todos los mecanismos. Claro que si lo que hay que descontar contra la merluza es el ochavo… Esa especie de la que España no quiso cupo cuando se repartió porque no le interesaba y ahora se la encuentra como una de sus peores especies de estrangulamiento. Por eso desde el sector, Juan Martín apunta la necesidad de aplicar un factor de conversión para que ese 9 % de flexibilidad interespecies no sea igual si se trata de una merluza o un bacalao o de una bacaladilla.

A juicio del sector, que las especies que no dan la talla mínima no puedan ser destinadas a consumo humano se contradice con el objetivo de la FAO de conseguir el hambre cero. Por eso creen que debe recogerse la posibilidad de incorporar proteínas marinas a través de los descartes

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