Noticia general

El Sur es una fiesta con el inicio de la campaña de las almadrabas

La temporada de captura del atún rojo de las almadrabas que operan en la costa de Cádiz se convierte durante este mes de mayo en una auténtica fiesta gastronómica en las localidades donde se practica este ancestral arte de pesca. Hasta el 4 de junio no faltan oportunidades para disfrutar de este manjar en los distintos eventos que se suceden en Barbate, Zahara de los Atunes, Conil y Tarifa, las cuatro localidades gaditanas en las que despliegan sus laberintos de redes las almadrabas.

En ellas quedan atrapados los atunes que en esta época viajan del Atlántico al Mediterráneo para desovar, en una etapa en la que su carne se convierte en un preciado manjar. Conil de la Frontera ha inauguradosu XXII ruta del atún, en la que la mayor parte de los restaurantes de la localidad compiten por ofrecer la mejor receta de este preciado pescado.

Barbate celebrará la XI Semana Gastronómica del Atún entre el 9 y el 13 de mayo, en la que, además de tapas, ofrecerá otras actividades como show-cookings o conciertos.

Días después será el turno de Zahara de los Atunes, donde, entre el 16 y el 20 de mayo, una treintena de restaurantes ofrecerán distintas creaciones de tapas con el atún rojo como protagonista.

Tarifa también ofrece en este mes la posibilidad de asistir a una jornada de pesca en la almadraba para vivir de cerca una “levantá”, como se conoce al momento en el que los atunes son extraídos del copo de las redes en las que quedan atrapados.

Arte ancestral

Establecen a unos tres kilómetros de la costa una línea de redes con unos 34 metros de fondo, en la que quedan atrapados los atunes rojos que migran por aguas del Estrecho cuando su grasa es de mayor calidad.

Para su captura, las embarcaciones rodean las redes hasta hacer llegar los atunes al denominado colador, única parte que tiene fondo.

Los pescadores echan entonces una red, que luego van levantando hacia la superficie para seleccionar, con ayuda de buzos, los ejemplares que por su tamaño y su peso están listos.

Es entonces cuando se les propina un golpe con una vara, un sistema que provoca una muerte sin estrés y que es uno de los pocos aspectos que se han modernizado en esta pesca que antiguamente utilizaba cuchillos y teñía el mar de sangre.

Una grúa ayuda entonces a extraer del mar los atunes, de unos 300 kilos, hasta los barcos que los llevan a tierra para proceder a su “ronqueo”, como se conoce, por el ruido que hace, el despiece de este pescado del que, dicen, se comen, “hasta los nadares”

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