Galicia

Un Brexit duro supondría la pérdida de 250 millones en Gran Sol y Malvinas

La directora de Pesca de la Xunta de Galicia, Mercedes Rodríguez, expresó en las Jornadas de Pesca de Celeiro  que la ruptura no del Brexit no será traumática, “principalmente porque la economía del Reino Unido depende más de la UE que a la inversa”.

Así apuntó que la flota de pabellón española y la de capital gallego abanderada en otros países podría dejar de ingresar unos 150 millones de euros al año si la expulsan de aguas británicas. A eso se sumarían otros 103 millones de los buques que pescan en las Malvinas. “Un brexit duro también perjudicaría a las flotas de bajura y de litoral que capturen especies sometidas a cuotas” . Además, sin los caladeros británicos, los barcos españoles y los del resto de países se repartirían por los que comparten los comunitarios, concentrando el esfuerzo en esas zonas y reduciendo opciones de capturas.

Rodríguez dibujó diferentes escenarios del Brexit, según el grado de impulso a las consecuciones de las diferentes reivindicaciones británicas, aunque sí apreció “que tampoco en la UE su gobierno ha mantenido una posición activa en asuntos pesqueros. ¿Ahora, porqué iba a hacerlo?. También giró algunas preguntas en cuanto a: ¿Se está moviendo la aritmética parlamentaria y la opinión pública británica a favor o en contra del Brexit duro .¿Y se le  ofrecerán un compromiso para salvar la cara, parecido a la propuesta noruega?, que está fuera de las estructuras institucionales de la UE, pero acepta la mayoría de las obligaciones y costes de la membresía a cambio de las ventajas comerciales del mercado único?

Una relación con la UE similar a la noruega es el único modelo que podría atraer apoyo público y político en el país, sin conminar los principios de la UE ni infligir un coste económico grave a ninguna de las partes. Los convenios institucionales de esta opción ya existen en el Espacio Económico Europeo (EEE), una especie de antesala de la membresía plena a la unión, que actualmente ocupan tres países pequeños pero prósperos: Noruega, Islandia y Liechtenstein.

Estos países valoraron la membresía de la UE a finales de los ochenta, pero por varios motivos decidieron no unirse. Todos ellos querían integrar sus economías y mercados laborales con Europa y tras el referéndum del Brexit se esperaba mayoritariamente que Gran Bretaña intentase negociar un acuerdo EEE a la noruega, en lugar de la ruptura sugerida por May.

En septiembre, tres meses después de convertirse en primera ministra, May sorprendió al mundo entero descartando la opción de la EEE y diciendo en el congreso anual de los conservadores que quienes se llaman “ciudadanos del mundo” son en realidad “ciudadanos de ninguna parte”, y que la libre circulación de personas que exige el EEE no era, por tanto, aceptable. En enero, anunció oficialmente que Gran Bretaña no buscaría la pertenencia al mercado único europeo porque exigía la libre circulación, una postura confirmada en el programa electoral de los tories.

¿La aversión de May hacia los inmigrantes sigue siendo relevante, ahora que las elecciones del 8 de junio la han vuelto incapaz y las negociaciones del Brexit estarán impulsadas por unos acuerdos parlamentarios inestables y el desplazamiento del equilibrio de la opinión pública?

La conclusión es que una nueva relación basada en el modelo EEE que permita a Gran Bretaña mantener la mayoría de las ventajas de la unión aduanera y el mercado único, junto a la libre circulación de personas, no sería solo menos dolorosa económicamente que el Brexit duro sino que, además, la apoyaría una amplia mayoría de votantes. La combinación de membresía del mercado único y libre circulación sería especialmente popular con la gran cohorte de jóvenes que acudieron a las urnas la semana pasada por primera vez y piensan que la capacidad de vivir, trabajar o estudiar en cualquier lugar de Europa es una gran ventaja de la membresía de la UE, no un precio que hay que pagar.

Desde la perspectiva de la política británica, es posible que la pertenencia del EEE se convierta en la timón que conduzca las negociaciones del Brexit en los próximos meses, pero ¿cómo responderá la UE?

Para otros países de la UE, una negociación del Brexit basada en la membresía del EEE debería ser un desenlace perfectamente aceptable e incluso bienvenido. La integración en el EEE no implica que Gran Bretaña escoja uno a uno los beneficios de la UE, a lo que otros países se han negado lógicamente.

Y es que, desde casi cualquier punto de vista, formar parte del EEE es claramente inferior a la membresía plena de la UE. Además de aceptar la libre circulación de personas, los integrantes del EEE deben acatar las normas comerciales de la UE y aceptar las decisiones del Tribunal Europeo de Justicia sin ningún papel formal en la elaboración de esas normas y decisiones.

Por esa razón, cuando se creó el EEE en 1994, estaba pensado sólo como un acuerdo transitorio y temporal para esos países (Austria, Suecia, Finlandia y Noruega) que pensaban convertirse en miembros de la UE, pero no estaban listos para incorporarse. Para Austria, Suecia y Finlandia, la membresía plena llegó según lo previsto, pero en Noruega los votantes rechazaron la membresía de la Unión Europea en un referéndum y lo siguen haciendo. La membresía “temporal” de Noruega al EEE ya se alarga 23 años. ¿Podría ser un precedente para Gran Bretña


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